El presidente Donald Trump publicó un mapa de Venezuela adornado con las barras y estrellas de la bandera de Estados Unidos, sin incluir el Esequibo, y proclamó que el país sería el 51º estado de la Unión Americana.
Este comentario no puede ser ignorado. Sin importar que se haya tratado de una broma o no, la situación es completamente inaceptable. No se había presenciado algo similar desde la administración Biden. El patriotismo venezolano debería haber respondido a tal provocación, pero eso no ha ocurrido. Ni los actuales ocupantes de Miraflores ni los que pretenden reemplazarlos han expresado una reacción contundente. Se han visto algunos comentarios en tono humorístico, lo que evidencia una falta de valentía, en palabras de Andrés Eloy Blanco.
La gravedad del asunto radica en que esta afirmación tiene un trasfondo real. Un grupo de obispos venezolanos ha informado al Papa León XIV que las mismas figuras del pasado aún sostienen el poder actual. Sin embargo, ahora están bajo la influencia de Washington, en función de lo que a este le interese. La idea de un renacer democrático, como mencionó Manuel Caballero, parece no formar parte de los planes de Trump. Por su parte, Marco Rubio menciona que eventualmente habrá una transición, pero es incierto hacia dónde se dirige.
La situación es clara y preocupante. Venezuela se ha convertido en un lugar muy complicado, pero hay un futuro posible más allá de esto. El país necesita liberarse, sin importar quién esté al mando. Así deben ser las cosas.
Por: Fernando Luis Egaña





