
La operación militar del 3 de enero marcó un punto de inflexión en la política del chavismo. A partir de este evento, el gobierno de Nicolás Maduro dejó de considerar a Estados Unidos como su principal adversario y ha comenzado a buscar formas de acercamiento con la administración estadounidense, interpretando que este cambio es crucial para mantener su poder.
La captura de Maduro llevó a una reconfiguración de la estrategia política interna, con la implementación de nuevas leyes y un enfoque hacia la amnistía y la reconciliación en el discurso oficial. Este giro se manifiesta en la Casa Amarilla con un enfoque orientado a la «diplomacia de supervivencia».
El analista político Luis Peche afirma que este cambio es resultado de una «humillación» sufrida por el chavismo, evidenciada en el discurso tras la intervención militar estadounidense, que acabó con la idea de que la revolución podría resistir cualquier ataque. Ahora se observa una relación de subordinación hacia lo que alguna vez fue su mayor enemigo.
DCN/Agencias