
En el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa, familias de soldados ucranianos caídos visitaron sus tumbas, buscando consuelo en el sacrificio de sus seres queridos. Irina Farion, viuda de 40 años, compartió su dolor en el cementerio militar de Leópolis, expresando gratitud y esperanza por un futuro mejor.
Irina recordaba cómo su esposo, Oleksandr Alimov, se unió al ejército tras la invasión, a pesar de no tener experiencia militar. Oleksandr, un programador, fue abatido por un francotirador en diciembre de 2022 en Luhansk. La viuda mencionó la falta de armas, pero destacó la solidaridad de los soldados.
Cuatro años después, mantiene su fe en la victoria de Ucrania, subrayando el apoyo de socios internacionales. Recientemente dio a luz a una niña, Oleksandra, y sueña con el día en que podrá contarle que Ucrania ha recuperado su territorio.
Natalia Kozak, madre de Bogdan, de 16 años, llevó ofrendas a su tumba. Ella recordó cómo su hijo soñaba con liberar Mariupol y se unió a la Tercera Brigada de Asalto tras recibir entrenamiento en España. Desafortunadamente, fue asesinado en febrero de 2024 mientras intentaba rescatar a unidades ucranianas en Donetsk.
Natalia manifestó su deseo de que Ucrania recupere los territorios perdidos y considera injusto que el sacrificio de su hijo sea en vano. También, expresó su preocupación por la falta de armamento que los aliados les han prometido.
Yaroslav Skalski, un veterano de 66 años, encendió velas en la tumba de su hijo menor, quien murió en los primeros meses de la invasión. Skalski, cuyos otros dos hijos siguen en el ejército, enfatizó que no se puede ceder ante las exigencias rusas, ya que hay muchos ucranianos en el Donbás que merecen ser protegidos.
Las visitas a las tumbas simbolizan el profundo dolor y la firme determinación de las familias, quienes sostienen que el sacrificio de sus seres queridos no debe ser olvidado.
DCN/Agencias