
Título: Un festival de dulces termina en emergencia hospitalaria en Gran Bretaña
En un insólito evento, un hombre en Yorkshire, Gran Bretaña, terminó internado por devorar casi tres kilos de gomitas de la famosa marca Haribo en solo tres días. Nathan Rimmington, de 33 años, se zampó una bolsa de dulces a granel, que adquirió por 18 libras en Amazon, un producto típicamente comprado por negocios pequeños, como tiendas de chucherías.
Un año después de este peculiar episodio, Nathan confiesa que no ha vuelto a probar esos caramelos, según reporta el Manchester Evening News.
Un exceso de gelatina en el organismo
Rimmington ingirió más de 10.000 calorías mediante estas golosinas, particularmente conocidas por su característica forma de "botella de cola". Después de un par de días, sintió un dolor agudo en el vientre y decidió visitar a su médico. Este, alarmado por su alta presión arterial y sudoración intensa, lo envió al hospital.
Los galenos inicialmente pensaban que se trataba de una intoxicación alimentaria. Sin embargo, los análisis revelaron un alarmante nivel de gelatina en su tracto digestivo. Este ingrediente, común en las golosinas, puede causar obstrucciones intestinales si se consume en exceso, y en ocasiones, requiere cirugía.
El diagnóstico final fue diverticulitis aguda, es decir, una inflamaicón e infección del intestino grueso. Rimmington fue conectado a un gotero intravenoso para limpiar su sistema.
"Fue culpa mía, por estúpido"
Actualmente, el joven lidia con el estrés postraumático que le dejó esta experiencia. Asegura que no volverá a experimentar con las gomitas: “Fue culpa mía, por estúpido, y desde entonces no he vuelto a tocar una botella de cola", asegura.
Relata que este incidente le ha dejado marcas emocionales, enfatizando la importancia de consumir dulces con moderación. En su cumpleaños, su mejor amigo le hizo una broma y le regaló otra bolsa de 3 kg de gomitas; "Es como un trastorno de estrés postraumático: cada vez que veo una botella de cola, pienso que acabaré en urgencias", comentó.
Sin duda, una lección dulce y amarga para Rimmington, quien ahora ve con recelo lo que alguna vez disfrutó.
DCN/Agencias