Divide y vencerás. Por Carlos Ismayel

Esa máxima latina según la cual “divide y vencerás” es la que está aplicando Nicolas Maduro en la actual coyuntura nacional. Por eso se da la gran paradoja de ver a un tirano manteniéndose en el poder que usurpa gracias a la fractura de los cuadros que asumen el control de la dirección opositora. De esa manera debilita a la contraparte, porque mientras cada quien coja por su lado se van debilitando las energías para confrontarse con un enemigo nada fácil de doblegar, muy a pesar de sus fracasos en la gestión de los asuntos públicos. 

 

Maduro sabe la fortaleza implícita en la fuerza opositora cuando esta lucha unida y sigue una dirección trazada de forma mancomunada. Maduro acusó el golpe certero que esa oposición unida en torno a propósitos muy bien delineados le propino el pasado diciembre de 2015. Por eso escuchó a sus tutores cubanos que le aconsejaban que había que tasajear a esa oposición a como diera lugar y a cualquier costo o precio. Y Maduro como buen mandadero de los habaneros siguió el consejo al pie de la letra y puso en marcha el Plan Alacrán. Fue así como lograron infiltrar a los cuadros opositores. 

 

Las reuniones, supuestamente clandestinas, eran a la vez saperas porque estaban infestadas de sapos que le informaban a Maduro todo cuanto se hablaba y se acordaba en esos encuentros. Desde entonces el régimen recrudeció su esquema de penetración que había tenido sus destellos cuando en vez de designar nuevos rectores y magistrados del CNE y del TSJ respectivamente, la oposición se metió en el carril del eventual revocatorio que, como ya lo hemos analizado en otras entregas, fue frustrado por la maquinaria fraudulenta que maneja Maduro dentro del aparato electoral ceneista. 

 

A partir de esa encrucijada que ofrecía caminos de resistencia, diálogos o elecciones controladas, Maduro se las ha arreglado para contar con diputados y dirigentes que se hacen llamar opositores, que por motivos nada claros, se reacomodan en la arena política para jugar con las cartas marcadas que coloca sobre la mesa el régimen. El pasado martes Juan Guaidó propuso un Plan de Salvación Nacional que Maduro rechazó instantáneamente. ¿Por qué? Porque Maduro tiene su propio plan que consiste en desmontar lo que queda de gobierno interino y para eso cuenta con fichas del llamado G4 ¿Insólito, verdad? Pero esa es la triste realidad. Maduro inoculó su veneno en esas ramificaciones de la oposición y no cesará en la usurpación mientras persista esa penosa confusión. 

 

Además, la comunidad internacional que nos ha respaldado de forma contundente, también acusa sus enredos, derivados estos de los propios juegos confusos del gobierno interino y de quienes han tomado el control de las decisiones en nombre de la oposición venezolana. Entendamos pues porque Maduro manda lejos a Guaidó y a su Plan de Salvación del país, porque sencillamente a Maduro nada le importa la suerte de Venezuela, sino preservar el poder a costa de lo que sea. Y mientras no se decante esa confusión Maduro continuara su plan destructivo ante los ojos de todo el mundo.

 

Carlos Ismayel

@CYsmayel

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