¿Cuál educación física? Por Luis Barragán (@LuisBarraganL)

Consecuente con el modelo soviético, esta dictadura trata de mantener a flote a los pocos elencos de deportistas que puedan concurrir a las competencias internacionales para propagandizarla. Muchos de ellos, harto talentosos, incluso, con disimuladas convicciones políticas, intentan costearse el viaje estelar que, por razones de edad, luego no podrán realizar, pues, respecto a los recursos disponibles, la prioridad es la de financiar los jolgorios del Foro de Sāo Paulo u otros que tenga por empeño una cancillería que ya no sabe qué hacer con Samuel Moncada, ocioso en la metrópolis neoyorquina, por ejemplo. No obstante, solemos olvidar una disciplina como la llamada educación física en todo el aparato escolar.

 

En efecto, por lo general, nos quejamos por la deserción de los profesores de matemáticas, física y química, en las aulas que ahora prodigan nuestro retroceso a la barbarie, mas olvidamos a aquellos preparados, adiestrados y probados en la pedagogía deportiva.  Materia ésta tan importante como las otras, en el proceso formativo de nuestras juventudes.

 

Son cada vez más escasos los profesores de educación física, e, incluso los emprendedores capaces de sostener sendas escuelas de artes marciales, equipos de béisbol, clubes futbolísticos, u otros orientados a la muchachada que también pelea por su propia supervivencia. Demasiadas escuelas, liceos y universidades públicas y privadas, ya carecen de los implementos adecuados, de la orientación responsable y certera, de los ímpetus que antes las distinguieron.

 

Ahora, la formación del profesorado en educación física, nos aseguran, sufre del colapso humanitario que embarga al país. No es difícil imaginar a un estudiante del correspondiente departamento de la UPEL, por citar un caso, asistiendo regularmente a sus clases y, lo más importante y decisivo, a sus entrenamientos, con severas deficiencias nutricionales, desasistencia médica y medico-odontológica, entre otras de las condiciones que lo candidatear a una fuerte depresión y disposición para aventurarse en el extranjero, tras el repentino percance sufrido en plena clase.

 

No parece noticioso el desmayo frecuente en un aula tan inevitable como exigente, porque no se entiende un examen parcial o final, sin las pruebas de pista y campo que claman, al menos, por un suplemento alimenticio. Hay profesores de los futuros profesores que, sabiendo de la vocación y el talento que tienen por delante, sacan de su propio e, igualmente, heroico bolsillo, para ayudar al discípulo urgido.

 

Parecido a las cifras económicas, delincuenciales o de salubridad, no se conocen oficial y confiablemente las educativas. Nada temerario es suponer que, pesando la edad en la carrera pedagógica, disminuida dramáticamente la matrícula estudiantil y el propio plantel docente,  la apuesta práctica del régimen socialista reside en golpear generacionalmente al sector para cultivar una élite deportiva  que, en última instancia, lo publicite, además, diferente a los boliburgueses que tienen por afición y vocación  la pereza, la juerga y las bebidas espirituosas.

 

Cada vez más escasean los jóvenes detrás de una pelota callejera, en la placidez de una actividad espontánea. Y, con mayor razón, los que deben prepararse para conducirlos en sus esfuerzos de recreación y también por acceder al oficio deportivo, distante cada vez como una honrosa y prestigiada profesión ejercitable en Venezuela.

 

Luis Barragán / @LuisBarraganL

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