Argentina goleó en el clásico con dos gritos de Messi

"Mi viejo me contaba de Maradona, yo a mi hijo le contaré de Messi", flameaba la bandera en una de las cabeceras del Malvinas Argentinas. Y no es que el público esté acostumbrado a vibrar con las gambetas de la Pulga. En el primer partido oficial de la historia de la Selección en Mendoza, el crack, el capitán, el diferente, el heredero de la diez celeste y blanca de la cinta de Diego, Leo Messi, brilló como siempre y le dio tres puntos de oro al equipo de Alejandro Sabella.

La Selección estaba obligada a ganarle a Uruguay para mantener el liderazgo. Los triunfos de Colombia y Ecuador la habían dejado en el tercer lugar. Pero no todo salió como esperaba el entrenador argentino.

Se sabía que Uruguay se iba a parar a jugar de contra, con Edinson Cavani como volante. Se dio el partido que se presumía, aunque con los resultados que esperaba Tabárez y no Sabella. Un juego cortado, demorado y sin sorpresas. Dominó Argentina, siempre, aunque también mostró carencias para romper el cerrojo charrúa.

Estacionó los ataques por izquierda, con la subida de Rojo y la habilidad de Di María. Pero por ese lateral estaban Maxi Pereira y Alvaro González. Se notó que Zabaleta no estaba predispuesto para pasar al ataque. Y Argentina dependió mucho de Messi.

A los 16, con la falta en el área que simuló Agüero se despertó el estadio. Y la Selección empezó a calentar motores. Enseguida, la Pulga dejó a tres en el camino a pura velocidad y quiebre de cintura, casi sin necesitar tocar el balón. Descargó para Di María que sacó un buscapié que encontró las manos de Muslera.

A los 27, otra vez Messi: uno por el camino, dos… encontró el perfil y sacó un zurdazo a colocar, al segundo palo que se estrelló contra el parante.

También probó de tiro libre la Pulga, a los 32 y le ganó Muslera. Messi deslumbraba, pero el gol no llegaba.

Uruguay buscaba una falta cerca del área y tuvo una sola a los 34. Después de dos rebotes, Luis Suárez inquietó a Romero. Un llamado de atención.

Messi abrió el partido y tomó el baló en la puerta del área, descargó hacia la izquierda y picó al gol. Di María le tiró la pelota justa y llegó poner la punta del botín zurdo para vencer a Muslera y desatar toda la euforia del Malvinas Argentinas que ahora sí vivía su fiesta.

Nueve minutos más tarde, a los 29, llegó el segundo. Otra vez la Pulga le sacó brilló a su zapato izquierdo. Con un pase de cucharita, quebró a toda la defensa uruguaya. Di María quedó sólo, tocó para el medio y Agüero sólo tuvo que empujarla para el 2-0. Los tres puntos ya estaban en casa, y Brasil quedaba más cerca que nunca de Mendoza.

La frutilla del postre que Argentina se comió frío como esa venganza dulce tras la eliminación de la Copa América llegó a los 34. Tiro libre, barrera y Messi. Le dio de zurda, los uruguayos saltaron y la pelota se coló por abajo, rodando como si el césped fuera un paño verde billar y la zurda de Messi el taco con la más fina tiza. "Gracias Messi por ser Argentino", dice otro trapo que quedó colgado en la tribuna. Sus dueños se fueron a festejar.

El Clarín

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