
Las acciones en la frontera entre Venezuela y Colombia reflejan un contexto internacional más que una simple disputa local. En El Amparo, ubicado en el municipio Páez del estado Apure, los habitantes sufren cortes de electricidad que superan las 24 horas. Pedro Hernández, residente de la zona, señala que en promedio los racionamientos pueden durar hasta cinco horas diarias, pero la falta de información por parte de Corpoelec genera incertidumbre entre los usuarios. A pesar de un video publicado en Instagram donde se muestran trabajos en el circuito Biruaquita, muchos aún permanecen sin electricidad.
La presencia de grupos armados también marca la vida en El Amparo. La historia de este lugar está marcada por la violencia, especialmente por la masacre de 1989. Actualmente, la comunidad enfrenta una convivencia tensa debido a la influencia de guerrillas como las FARC y el ELN, que mantienen el control sobre rutas estratégicas y el contrabando. Según reportes, el ELN se ha replegado por los recientes cambios de mando en Colombia, pero su dominio en la frontera persiste.
Carlos Velandia, exguerrillero del ELN, indica que el grupo busca fortalecer su presencia territorial, con cerca del 70% de su fuerza armada en la frontera. Un reciente análisis sugiere que sus acciones están más conectadas con un panorama internacional que con disputas específicas con Colombia. El ELN parece percibir la situación en Venezuela como parte de una agenda más amplia de defensa, en un contexto de confrontación política que incluye a actores externos.
Los movimientos estratégicos del ELN apuntan a consolidar su poder en la región, desplazando a disidencias de las FARC y buscando el control total de la frontera. Aunque su presencia no es nueva, su accionar ha cambiado en el último año en respuesta a la situación política. A pesar de la dinámica internacional, expertos sugieren que los recientes atentados también están influenciados por el cambio de gobierno en Colombia, lo que podría impactar la estabilidad en la zona.
DCN/Agencias