
Sally Gardner, reconocida autora de libros infantiles, saltó a la fama y, con ello, sus gastos se dispararon. Amigos y conocidos, al ver su éxito, pensaron que su estilo de vida lujoso era parte del juego. Entre sus extravagancias se incluían una bañera de $34,000, obras de Peter Blake y viajes a elegantes boutiques en París.
Publicando su primer libro a los 40 años, Gardner vendió nada menos que 2.5 millones de copias y recolectó galardones prestigiosos, como la Medalla Carnegie. “De repente, estaba en otro lugar; por primera vez, ganaba bien,” relata. Sin embargo, a pesar de sus logros, Sally sintió una vergüenza abrumadora por la magnitud de sus gastos, aunque se topó atrapada en la adrenalina que eso le producía.
Con el tiempo, la autora comenzó a engañar a sus amigos sobre sus compras y hasta ocultó las etiquetas de su ropa nueva. La presión se volvió implacable: “No sabía qué me pasaba. Era como si alguien me preguntara, ‘¿quién eres?’” Pronto, la montaña de deudas la obligó a vender su casa en Londres y mudarse a un apartamento más modesto.
A pesar del cambio, su comportamiento compulsivo no cesó. Se encontró gastando miles de dólares en un diseñador de interiores para su nuevo hogar, lo que creó preocupación en su círculo cercano. Una de sus amigas llegó a recorrer tiendas pidiendo que no le vendieran nada a Sally.
Gardner enfrentó así una adicción a las compras que, para ella, no tenía explicación. Se sintió perdida, con la sensación de estar al borde de la locura.
Este caso toca una campana de alerta sobre cómo el éxito puede llevar a extremos insospechados y pone en la mesa el tema de la salud mental en la vida cotidiana. Desde luego, la autora asegura que vivirá con las consecuencias de esos gastos, una carga que sabe que le acompañará de por vida.
Para acercarte más a su historia, puedes seguir leyendo en el enlace de la BBC AQUÍ.
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DCN/Agencias