La situación económica de México se enfrenta a un panorama complicado. Según la última encuesta de expectativas del Banco de México, los analistas del sector privado han ajustado su pronóstico de crecimiento para 2026 al 1,35%, una baja desde el 1,44% de estimaciones anteriores. Este cambio refleja una realidad que surge tras un primer trimestre con una contracción del 0,8% en el PIB, rompiendo una racha de un año de crecimiento. A pesar de que el crecimiento anual se sostiene en un bajo 0,2%, los expertos encuentran señales de debilidad en la economía, tal como lo indican los 43 grupos de análisis consultados.
Los analistas señalan que los retos para el crecimiento son tanto internos como externos. Principalmente, el problema de la gobernanza se destaca como una de las mayores preocupaciones, representando un 39% de las inquietudes. Este escenario se agrava con la persistente inseguridad y la falta de cambios estructurales, factores que afectan más a los inversionistas que la inestabilidad política internacional.
En medio de este contexto, la inflación sigue siendo una preocupación. A pesar de que en abril la tasa se redujo al 3,2%, las previsiones para finales de 2026 han empeorado, ubicándose en un 4,37%. Esto indica que las presiones inflacionarias están más arraigadas de lo esperado, superando la meta del 3% establecida por el banco.
Mientras las proyecciones de crecimiento se debilitan, el peso mexicano ha mostrado una cierta estabilidad, y los expertos han mejorado su perspectiva cambiaria a 18.02 unidades por dólar para finales de 2026. A pesar de esta fortaleza del peso, el dinamismo económico sigue siendo limitado, y se espera un modesto repunte al 1,82% para 2027, con desafíos como la política comercial y la corrupción aún pendientes.
DCN/Agencias