El Veredicto del Destripador de Yorkshire: El Sepulturero que Aseguró Actuar por «La Voz de Dios» en sus Crímenes contra Prostitutas

El Destripador de Yorkshire: Crímenes y condena
El 22 de mayo de 1981, Peter William Sutcliffe fue declarado culpable por el asesinato de trece mujeres y el intento de asesinar a otras siete entre 1975 y 1980. Recibió 20 penas de cadena perpetua concurrentes, que se convirtieron en una condena sin posibilidad de libertad condicional en 2010.
Sutcliffe trabajaba como sepulturero en Bingley, un pequeño pueblo al norte de Londres, cuando, tras cumplir 29 años, comenzó a escuchar lo que interpretó como “la voz de Dios”. Este fenómeno ocurrió mientras cavaba tumbas en el cementerio local. Una tarde, la voz se hizo más clara al acercarse a una tumba descuidada. Sutcliffe sintió que tenía una misión: debía eliminar a las prostitutas, como un acto de justicia divina.
Desde octubre de 1975, Sutcliffe, apodado “El Destripador de Yorkshire”, comenzó sus crímenes. Asesinó a varias mujeres, usando un martillo y otras herramientas toscas para cometer sus actos. El primer asesinato fue el 30 de octubre, cuando levantó a Wilma McCann, de 28 años, y la mató en Leeds. Su segundo crimen ocurrió el 20 de enero de 1976, cuando mató a Emily Jackson, también en Chapeltown.
El modus operandi de Sutcliffe era similar en muchos casos. Merodeaba en zonas frecuentadas por prostitutas, les ofrecía un paseo en su camión, y luego las atacaba, golpeándolas y mutilándolas. Sus crímenes generaron gran temor y revuelo, por lo que la prensa lo llamó “El Destripador de Yorkshire”, en referencia a Jack el Destripador.
La brutalidad de los crímenes, incluyendo un caso en el que se registraron cincuenta y dos puñaladas, causó horror en la sociedad británica. Sutcliffe continuó con sus asesinatos, aunque varias mujeres lograron escapar de él. Durante su investigación, las autoridades se enfrentaron a numerosos desafíos para detenerlo, una cacería que finalizó en 1981.
A medida que los años pasaban, Sutcliffe se convirtió en un caso emblemático por su brutalidad y su singular justificación. Su condena marcó un momento crucial en la historia criminal del Reino Unido.
DCN/Agencias