
En la primera exposición de su tipo en Berlín, el artista estadounidense Mike Winkelmann, más conocido como Beeple, ha presentado una instalación insólita: una manada de siete robots cuadrúpedos con cabezas hiperrealistas. Estas figuras representan a iconos de la tecnología como Elon Musk y Jeff Bezos, así como a figuras históricas como Andy Warhol y Pablo Picasso.
Desde este martes y hasta el domingo, el vestíbulo de la Nueva Galería Nacional de Berlín se convierte en el escenario de “Regular Animals”, donde los visitantes observan fascinados y un tanto perplejos el comportamiento de estos autómatas. Muchos esperan ansiosos el momento en que los robots, programados para «defecar» imágenes de sus personajes referentes, sueltan obras de arte desde su parte trasera.
Los robots, creados por Robostore en colaboración con la firma china Unitree Robotics, utilizan inteligencia artificial para generar imágenes. Por ejemplo, el robot imitando a Picasso produce arte en estilo cubista. Las creaciones, una vez “defecadas”, son certificadas y distribuidas, selladas en un paquete que advierte sobre su naturaleza como arte físico derivado del digital.
Este montaje incluye rostros de figuras como Mark Zuckerberg, el líder norcoreano Kim Jong-un, y el propio Beeple, realizados por la compañía Hyperflesh. Curiosamente, la representación de Kim aparece sonriente, lo que añade un toque satírico.
Beeple, quien es considerado actualmente el tercer artista más caro del mundo según el semanario alemán Die Zeit, ya había presentado sus perros robóticos en Art Basel en Miami, pero esta es su primera aparición en Alemania. La instalación busca reflexionar sobre nuestra realidad contemporánea dominada por algoritmos y tecnología, donde figuras como Musk y Zuckerberg afectan la percepción global sin necesidad de un consenso político.
A pesar de la crítica subyacente en la obra, la mayoría de los visitantes disfrutan del espectáculo. Ash, una estadounidense residente en Berlín, comentó lo divertido e intrigante que le parece, aunque se cuestiona si consumir este tipo de arte va en contra de sus principios.
Rainer y Gabriela, una pareja de jubilados, también compartieron sus impresiones: él se mostró escéptico sobre el valor del arte, mientras que ella encontró fascinante la elección de personajes.
Así, esta exposición se revela como un cruce entre arte, tecnología y una crítica a quienes controlan las narrativas modernas.
DCN/Agencias