
El petrolero Bella 1 fue rastreado por un guardacostas de Estados Unidos durante casi dos semanas en el océano Atlántico. Para evadir la persecución, la tripulación pintó una bandera rusa en el casco e incorporó el nuevo nombre de Marinera. Moscú hizo una solicitud diplomática a Washington para detener el seguimiento del barco.
El 31 de diciembre, el petrolero, sancionado por estar vinculado a una flota de petróleo ilegal, navegaba hacia el norte, posiblemente rumbo a aguas rusas, al este de Finlandia. Las autoridades de la administración de Trump rechazaron la advertencia, alegando que la bandera no era válida y describiendo al buque como “apátrida”. El guardacostas Munro continuó la persecución.
A medida que el embarcadero se acercaba al Atlántico Norte, aviones militares de EE.UU. fueron posicionados en bases en el Reino Unido. Fuerzas de Operaciones Especiales, incluidos grupos de comandos SEAL y una unidad de helicópteros, se prepararon para una posible intervención.
Finalmente, el miércoles, a unas 190 millas al sur de Islandia, personal estadounidense abordó el petrolero tras descender en rápel desde helicópteros. Durante la operación, un submarino ruso y un destructor se encontraban en la zona, pero ambos se retiraron rápidamente, según el presidente Donald Trump.
La intervención puso fin a una persecución de 18 días y aproximadamente 4.000 millas (casi 6.500 km), que había comenzado cuando el petrolero tomó medidas evasivas para evitar a la Guardia Costera de EE.UU. justo antes de Navidad. Este hecho resalta el compromiso de EE.UU. de imponer el bloqueo a los buques que operan en aguas venezolanas.
DCN/Agencias