"El asesinato de un capo revela el poder de las ‘narcobarbies’ en Ecuador: el oscuro mundo de las muñecas de la mafia"

El asesinato de Stalin Olivero Vargas, conocido como “Marino”, en enero de 2026, en una lujosa urbanización de Samborondón, Ecuador, no solo representa un nuevo acto de violencia vinculado al crimen organizado, sino que también pone en la mira el papel de mujeres jóvenes en este contexto, comúnmente referidas como “narcobabies” o “muñecas de la mafia”.
Tras el suceso, el enfoque de la opinión pública se centró en el círculo personal de Marino. Se difundieron imágenes y videos de mujeres disfrutando de lujos, como viajes y autos de alta gama, muchas de ellas relacionadas sentimentalmente con él. Esta narrativa ha simplificado su papel, viéndolas como meros accesorios. No obstante, estudios policiales y periodísticos indican que estas mujeres desempeñan funciones activas en economías criminales, involucrándose en el lavado de activos, ocultamiento de bienes y administración de propiedades, lo que demuestra que su rol no es simplemente decorativo.
La situación de Marino es reveladora. Luego de su muerte, se identificaron empresas y propiedades a nombre de personas cercanas, como familiares y parejas. Este comportamiento es típico en el narcotráfico; los líderes criminales suelen transferir bienes a individuos sin antecedentes legales, frecuentemente mujeres jóvenes con apariencia de legitimidad social.
El uso de mujeres en estas estructuras no es casual. Se aprovechan estereotipos de género para desviar sospechas. Aquellas vinculadas al entretenimiento, la moda y estilos de vida aspiracionales se convierten en fachadas que facilitan operaciones como la apertura de empresas y la compra de bienes, lo que es vital para el funcionamiento del crimen organizado.
Desde un enfoque de género, esta realidad demanda un análisis profundo. Las narcobabies no son ni víctimas pasivas ni mujeres empoderadas en el sentido convencional. Aunque ejercen algunas decisiones, están restringidas por estructuras patriarcales, donde el poder masculino prevalece y la violencia se usa como medio de control.
Este fenómeno resalta la complejidad del rol de mujeres en el narcotráfico, evidencia del entrelazado de la criminalidad con dinámicas sociales y económicas actuales.
DCN/Agencias