Perdiendo con Gómez. Por Carlos Ismayel

El balance de la gestión de Nicolas Maduro lo deja muy mal parado ante la historia. El mismo se mata, como lo hacía chacumbele. Lo digo porque en sus últimas comparecencias por los medios de comunicación que él controla, confiesa, muy orondo, que “Venezuela está produciendo, diariamente, 400 mil barriles de petróleo. O sea que está muy por debajo de los índices de producción que alcanzó Juan Vicente Gómez, cuando exploto la era petrolera en nuestro país. Un verdadero desastre es lo que deja a su paso esta tiranía, que ahora trata de justificar semejante descalabro, apelando al viejo estribillo del “enemigo externo”. Según Maduro “todo es culpa de Donald Trump”.

 

Es la misma cantaleta que entonaba su maestro Hugo Chávez, para tratar de confundir a una ciudadanía que no entendía como era eso de estar padeciendo tantas penurias, en medio de esa danza de millones de miles de dólares que entraban al fisco nacional por concepto de la venta de nuestro crudo y también por razones impositivas. Real o billetes, había a borbollones, lo que siempre escaseaba era responsabilidad en el manejo de los dineros públicos. Fíjense que Maduro exclama que “por culpa de las sanciones no han podido vender petróleo en estos últimos años”, pero lo que no confiesa es que si había petróleo para mandárselo a los castristas para que estuvieran bien pertrechos de combustible en la Isla de Cuba. 

 

Lo lamentable es que hay, uno que otro ingenuo o no se que cosa, que le compra esas excusas a Maduro y se pliegan al llantén que grita al mundo que en Venezuela no hay comida ni medicinas, ni agua ni luz, ni gas, por culpa de las sanciones. Puras mentiras. Es la cháchara del chavomadurismo, como lo decía Enrique Capriles en sus dos campañas presidenciales. Por eso no debemos dejar de lado nuestra capacidad argumental para salirle al paso a semejantes argucias y poner al desnudo a esos bribones que destruyeron el aparato productivo del país y es allí en donde está la verdad de todo cuanto ocurre hoy en dia en nuestra querida Venezuela.

 

Todavía se escucha el lamento de los productores agropecuarios instalados en la Cuenca del Tiznado, cuyas propiedades fueron arrasadas por orden de la revolución, con base en aquella fatal Ley de Tierras que, caprichosamente, impuso Hugo Chávez a finales del año 2001. Como abogado le brinde todo mi apoyo a algunos campesinos y empresarios agrícolas de la zona que aun añoran recuperar lo que malamente les fue arrebatado. 

 

Por lo tanto, no nos dejemos manipular por esos farsantes que para todo tienen una excusa a la mano y palabrean argucias para esconder lo que está tan de bulto ante los ojos de los venezolanos que no podrán olvidar ese dolor que pesa inmensamente en sus memorias, muy bien lo dijo Antonio Ledezma recientemente a Sergio Novelli:  «Maduro es la desgracia, es lo peor que le ha podido pasar a nuestro país.»

 

Carlos Ismayel

@CYsmayel

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