Esposa de coronel preso revela las torturas que sufrió: “Me cansé de callar y de sentir miedo”

Siguen apareciendo historias de tortura y persecución en Venezuela. La periodista Sebastiana Barráez entrevistó a Belén Velasco, esposa del coronel retirado del Ejército Ramón Santiago Velasco, quien lleva dos años preso en el Sebin por haber colaborado bajo engaño en la fuga de la capitana Laided Salazar.

“Mi esposo no es delincuente, no es magnicida, no es terrorista y jamás ha tenido que ver con política; él no solo es militar, es ingeniero aeronáutico y tiene tres maestrías. Está preso por culpa de dos miserables que lo engañaron, el general García Parra y la capitán Laided Salazar”, así comenzó la conversación entre Belén y Barráez, quien relató los pormenores de la detrención.

Hace casi cinco años él salió de la Fuerza Armada y para sobrevivir económicamente se dedicó a realizar viajes de traslado a gerentes de diversas empresas de prestigio. El general (Ej) Jesús Ernesto García Parra “era su amigo y compañero. En dos oportunidades el general fue jefe de mi esposo, en la IX División de Caballería en Apure y en Fondoefa donde era vicepresidente”.

Un día el general García Parra lo llama para que le haga un viaje privado a su sobrina María García que se va del país y sale por Colombia. Mi esposo le pide que le precise la fecha porque el viaje debe ser planificado, el número de viajeros y el equipaje. El general le dice que solo será María y su hijo de 12 o 13 años y que viajarán con poquito equipaje y que el viaje será apenas ella resuelva los papeles que está apostillando».

Cuatro días después el general vuelve a llamar al coronel para decirle que en unos tres días era el viaje. “El 27 de julio, casi al atardecer, el general llama diciéndole: ‘Necesito que viajemos hoy’. Mi esposo le responde que él no viaja de noche, que ir hasta San Antonio del Táchira es un viaje largo. El general dice que ella tiene vuelo para el sábado a las 11 de la noche. Acuerdan salir a las 4 de la madrugada del 28 de julio”.

“El general insiste en que él llevará a los pasajeros hasta nuestra casa, porque ella vive en Los Teques e incluso se propone ir en el viaje para acompañarlos”. Al coronel Velasco le parece bien. “En San Cristóbal viven mis suegros, así que también hacía atractivo hacer el viaje. En la madrugada llega el general García Parra con su supuesta sobrina y el hijo de ella. Yo le tenía preparado el desayuno a mi esposo y le incluí lo que necesitaría para el viaje, así no estarían parándose y les rindiera el viaje”.

La sorpresa

“Yo desde la ventana los vi irse. Del carro se baja una mujer bajita, muy delgada, vistiendo mono deportivo color blanco. El niño bastante alto, de unos 13 o 14 años, también vestido deportivo, con un morral en la espalda y audífonos oyendo música. En la maleta del carro colocaron una maleta pequeña. El general, solo llevaba un bolsito pequeño, donde luego de retorno del viaje a Maracay, el 29 de julio, supimos que llevaba tres armas ocultas”.

“Mi hijo mayor se dio cuenta que el general llevaba las armas. Su respuesta es que tenía permiso para portar armas y que era por seguridad. Mi esposo desconocía que el general había ido armado. Nosotros no tenemos ni hemos tenido armas en la casa”.

Durante todo el trayecto su esposo estuvo en comunicación con ella y con sus padres. «Le pregunté si no iban a almorzar y me respondió: ‘Ellos no quieren nada y la señora no ha querido bajarse ni siquiera a orinar’. Al llegar a San Antonio se estaciona en un hotel donde la mujer y el niño iban a estar unas horas antes de pasar a Cúcuta, Colombia. “Mi esposo se baja a hacer movimientos de estiramiento porque es operado de la columna. El general y su supuesta sobrina se apartan para hablar entre ellos en voz baja. Poco después regresan a San Cristóbal para descansar y regresar porque el lunes 30 tenía un viaje de Maracay a Barquisimeto”.

“En el camino de regreso el general le dice: ‘La persona que trajimos no es mi sobrina, es Laided Salazar’, pero mi esposo no sabía quién era ella y el general García Parra le pregunta ‘¿Cómo tú no sabes quién es Laided Salazar?’ Le explica que ‘ella es una capitán de la Aviación que está huyendo del país’. El viaje de regreso fue muy amargo para mi esposo; le dice que la demora para que ella viajara era que estaban esperando que el tribunal diera la medida de casa por cárcel”.

La indignación mayor de Belén Velasco es que “hubo una trama vil y cobarde de estos dos personajes, Laided Salazar y el general García Parra, a quienes desprecio con toda la fuerza, porque nos han hecho mucho daño. ¿Por qué dudaría mi esposo de hacer el viaje si conocía a este miserable de García Parra? Pues no lo conocíamos realmente. Se valieron incluso de la necesidad de trabajo para el sustento legal de la familia. ¿Sabe cuánto contó la desgracia de mi familia hoy en día? 100 dólares que pagó el general en bolívares y en tres pagos”.

La detención

El 21 de septiembre, el coronel Velasco retorna de Caracas, donde estuvo cumpliendo compromisos por el aniversario de Fondoefa. “Estamos en el apartamento con mi hijo entonces de 16 años y mis hijas de 14 y 11 años. Poco después de las 3:30 de la tarde, oímos que tocan el timbre de manera desmedida”.

“Yo estaba en la cocina y la niña menor abre la puerta y me dice que hay unos hombres vestidos de negro. Eran unas 30 personas. Me preguntan por Santiagui Velásquez y les digo que aquí no hay nadie con ese nombre. Confieso que desconocía que existía SEBIN y DGCIM, porque nunca hemos tenido que ver con política”.

“Entran al apartamento, vestían de negro, portando armas largas, gorras, se leía SEBIN en los brazos. No mostraron orden. Mis hijas empiezan a llorar, mi hijo estaba enfermo y lo sacaron de la habitación. Mi esposo estaba dormido y lo sometieron 20 personas; ahí le dio un colapso arterial”.

“Nos robaron, nos saquearon el apartamento. Eso fue un infierno. Me cansé de callar por miedo, por desconocimiento, por no tener apoyo, defensa para los derechos de mi esposo ni de mis hijos”.

El jefe de la comisión que allanó la vivienda, nunca se identificó. “Él me preguntó que si mi esposo tenía alguna situación de salud y les dije que era hipertenso. Cuando traté de entrar a la habitación, me lo impidió y me dijo que le diera las medicinas porque mi esposo casi se había desmayado. Empecé a gritar, mi hijo intentó levantarse y lo sentaron. Le entregué al funcionario los medicamentos y el tensiómetro”.

“Media hora más tarde me piden que entre a la habitación. Mi esposo estaba con la mirada perdida, aletargado, como un zombi, no me reconoció. Le pregunté qué le pasaba. No sé qué le hicieron”.

El entonces ministro Jorge Rodríguez dio una rueda de prensa el 23 de septiembre. Señaló al coronel de ser participante del caso de los drones, de relacionarse con Julio Borges, de magnicida. Relata que su esposo estuvo 23 días desaparecido. “Lo buscamos por todas partes. Como a los 15 días más o menos me llamaron de un número restringido: ‘Si sigues jod… vas a conseguir el cadáver de tu esposo’. Me desmayé, pegué gritos. Fui a muchas instituciones a poner la denuncia porque pensé que lo habían secuestrado para pedir rescate, pero nosotros no tenemos dinero. A él lo botan y a mí me despiden del Ministerio de Educación”.

“A los 23 días, en la noche, sonó el teléfono de la casa que lo habían desconectado. Mi hijo atiende la llamada. Al otro lado de la línea está mi esposo llorando y nos decía que estaba vivo. Nos dijo que lo tenían en el SEBIN, que no podía hablar mucho y que lo perdonáramos por tanto dolor y que era inocente”.

“Al otro día fui al SEBIN pero no me dieron información. Cada vez que me paraba frente al portón del Helicoide, la respuesta era la misma. Hasta que 45 días después de habérselo llevado le permitieron una segunda llamada para decir que le permitían las visitas, pero que la única que lo podía visitar era yo. Aun así, al día siguiente fui con mi hijo y fuimos los últimos en pasar. Cuando lo vi había perdido de 23 a 25 kilos, estaba amarillo, con la mirada desorientada, su aspecto físico y personal estaba lejos de ser el del hombre que conocía. Tenía la misma ropa con la que lo sacaron de la casa”.

“Lo abrazamos. No puedo describirle el impacto que tuve de ver a mi esposo después de 45 días. Él lo que hacía era llorar y llorar. Con el tiempo ha podido expresarme el horror de lo que vivió en manos del SEBIN. Lo torturaron, lo amarraron en cajas, lo vendaron con cintas plásticas, le colocaron bolsa en la cabeza, lo amarraron durante tres días muy apretado a una silla, se hizo pipí y pupú encima. Durante esos días, no comía”.

En el Helicoide

“Allí no hay contacto con el mundo exterior, no entra luz solar, permanece una luz amarilla encendida siempre, las paredes blancas y rejas negras; todo es blanco, negro y amarillo. Gritos, gente decidida a morir. A mi esposo lo vejaron y lo maltrataron de mil maneras. Sus padecimientos de salud se profundizaron. Es un paciente cardíaco. Con problemas de próstata con diagnóstico impreciso. Él es operado de columna y con las torturas físicas padece de constante dolor. Lo más grave es la depresión severa con tendencia suicida”.

Después de cinco meses, el 10 de diciembre, funcionarios del Sebin lo encapucharon, lo esposaron, lo sacaron y lo pasearon por Caracas por tres horas. “Él les dijo que si lo iban a matar por lo menos le permitieran una llamada para despedirse de nosotros y que si querían él decía lo que ellos quisieran si era para salvarse. Uno de los funcionarios recibe una llamada y le dice: ‘Te salvó la campana’. Al principio él había sido presentado ante el Tribunal 20 de Antiterrorismo, donde no nos permitieron acceso al expediente. Le impusieron un defensor público que nunca hizo su trabajo. Ese día lo llevaron al Tribunal Militar”.

Lo acusaron de Traición a la patria, instigación a la rebelión y complicidad para la evasión de un reo. “Logramos entender que todo esto empezó con ese viaje. Por eso hoy hago pública la única y real verdad”.

“No es justo, el miserable y cobarde de García Parra no tenía que morir, tenía que pagar su falta, pero murió hace 15 días en Calabozo, Guárico, sin decir la verdad; era seropositivo y contrajo el Covid. Y la capitán anda por Europa dando lástima y aprovechándose de cuanta reunión de ONG surge para sacar provecho”.

“Laided Salazar no es ninguna heroína, es una miserable que, para lograr su libertad, no solo dañó a mi familia. Y ella pagará cada lágrima y dolor que sufren mis hijos, mis suegros que lloran a un hijo por no tenerlo, a mí que sufro la ausencia de mi esposo. Su mamá tiene 90 años y su papá 92: cada 24 o 72 horas ella pasa por una cura de sueño por problemas de salud y la está matando no poder ver a su hijo”.

“Solo Dios sabe lo que hemos pasado durante estos dos años. Hay un hombre preso en el hospital Militar desde hace un año; cuando lo trasladan desde la cárcel de Ramo Verde fue porque se desmayó dos veces de dolor por la próstata”, finaliza diciendo Belén Velasco, la esposa del coronel Ramón Santiago Velasco García.

Infobae

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