En plena pandemia regresaron los caminantes: Familias abandonan el país a pie por la frontera en Táchira

Eran cerca de las 8:30 de la mañana del jueves 10 de septiembre, cuando grupos de venezolanos recorrían, a pie, la vía San Cristóbal-San Antonio, con el propósito de migrar. Las maletas iban al ritmo de unos rostros fatigados por los kilométricos recorridos, algunas veces a pie, otras en carro o moto.

De esos grupos, había uno de aproximadamente nueve personas, más dos infantes de brazos. La mayoría era del centro del país y se encontraba relativamente cerca de la meta: la frontera. En ese instante, los rayos del sol mañanero aún se mezclaban con una tenue capa de niebla en Capacho, zona donde fueron avistados.

Distrito Capital, Carabobo, Miranda y Yaracuy eran los estados de donde partieron con rumbo a Colombia. El hecho de que el vecino país esté reactivando su economía, los motiva a migrar pese al escenario que se vive con la pandemia. Y es que el no tener cómo defenderse laboralmente, los hace arrancar una travesía con un panorama muy incierto.

Más adelante, con la meta a punto de cumplirse, se divisaban otros grupos, cuyas humanidades descansaban bajo la sombra de un árbol o de cualquier techo, donde el cansancio pudiera ir menguando. En ciertos momentos, algunos vehículos, sobretodo camiones que circulan en esta semana de flexibilización, le ofrecían el aventón y así mitigaban el agotamiento.

Los viajeros o caminantes van armando grupos a medida que avanzan. La idea, según dicen, es ayudarse entre todos, tenderse la mano y defenderse ante cualquier peligro que se les presente. El hecho de que muchas féminas caminen con sus vástagos, hace aún más necesaria la compañía

“Caminamos de San Cristóbal a San Antonio”

José Carlos Villalobos, hasta hace un par de días, vivía en los Valles del Tuy, en el estado Miranda. Frente a la difícil situación que se vive por la covid-19, paralizando en gran medida una economía que ya registraba dificultades, prefirió hacer su maleta y agarrar camino hacia la frontera.

“Estamos buscando un transporte que nos pueda acercar hasta San Antonio”, resaltó el caballero al tiempo que recalcaba: “acá, en Venezuela, no conseguimos trabajo, estamos pasando necesidades”. Desde la ciudad donde estaba residenciado en el estado Miranda, hasta San Cristóbal, pudo llegar en unidad de transporte.

Villalobos se unió a otras ocho personas, aproximadamente. Se conocieron en el camino y han establecido una empatía que hoy les permite crear una especie de escudo de protección ante cualquier dificultad que se tenga en el trayecto, algo sinuoso.

“Mi hijo no come de besos y amor”

Ana Méndez dejó la capital venezolana, Caracas, para migrar a Bucaramanga, en Colombia. Allá espera conseguir un trabajo que le permita enviarle dinero a su hijo para costear su principal gasto: la alimentación. La dama aseguró que el trayecto ha sido largo y pesado, pues el dinero que traían lo han dejado en el camino.

“Las motos, que nos han colaborado en algunos trayectos, cobran mínimo 10.000 pesos”, relató quien ha tenido que pagar en la mayoría de alcabalas por las que ha atravesado desde que inició su travesía desde Caracas hasta la frontera. “Hasta 100 dólares nos pidieron en una”, apuntó Méndez.

Según la ciudadana, una de las principales razones por las que abandona Venezuela, es el sueldo. “Uno está pasando necesidades aquí, lo que se gana no alcanza para nada”, subrayó mientras interrumpía su paso para tomar un respiro y así continuar una ruta que ya la ubicaba en Capacho.

En torno a las alcabalas, lamentó que existan funcionarios que cobren para poder continuar con la ruta. “Hemos pagado con dólares y no debería ser así, pues ellos están es para apoyarnos, cuidarnos”, remarcó Méndez para luego rematar: “mi hijo no come de besos y amor”.

Migrar en tiempos de pandemia no genera temor en la dama, solo espera que la Providencia la guíe a cada instante. “Conozco a una persona que llegó hace 15 días a su estado, proveniente de Colombia, y ya se quiere regresar, pues se dio cuenta de que no hay nada para hacer”, especificó a modo de colofón.

“Llevo cuatro días caminando”

Dianny Albino es oriunda del estado Yaracuy, región que abandonó hacía algunos días en búsqueda de mejores oportunidades. Su destino final es Bogotá, ciudad neogranadina donde la espera su esposo. “Dejé a mis padres y a mis hijos”, lamentó.

El trayecto que va desde Barinas a San Cristóbal, lo hizo a pie, en compañía de su cuñado y de una prima. “Fueron más de cuatro días de intensas caminatas”, recalcó al tiempo que criticó el comportamiento de algunos uniformados: “en una alcabala nos quitaron 100 dólares y en otra 40”.

Para Albino, el arribar a Bogotá con trabajo le facilitará aún más las cosas. “Allá se trabaja y hay más poder adquisitivo, mientas que en Venezuela el dinero no da para mucho”, aseveró para luego precisar que hacer esta travesía en tiempos de pandemia, sí le genera cierto temor, pero “es peor quedarse acá donde el matraqueo es constante”.

Motorizados hacen su día

En el trayecto que va desde San Cristóbal hasta la frontera son varios los motorizados que ofrecen los servicios por tramos. La carrera oscila entre los 10.000 y 15.000 pesos.

Del Paso Andino y hasta La Mulera se observaron varios mototaxistas trasladando a la gente. Una vez llegan a la alcabala que está en la zona, el caminante se apea del vehículo para seguir su recorrido a pie.

“Estoy muy cansada, no se duerme, no se come bien”, soltó Emily Torres con su hijo en brazos. “No estaba bien donde vivo. Con la abuela, en Yaracuy, dejé a mis otros dos hijos”, indicó quien aspira conseguir un buen trabajo en la ciudad de Bogotá.

Los municipios fronterizos, Bolívar y Pedro María Ureña, continúan en toque de queda, de 4:00 p.m. a 10:00 a.m. del día siguiente, y en aislamiento total.

lanacionweb.com

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