El secreto del chavismo es… Por Leandro Rodríguez (@leandrotango)

Lo que muchas veces se ignora en política es que las oposiciones también disfrutan de las mieles que se le derraman al poder, en todo el mundo, sobre todo donde los regímenes son tan ilegales e ilegítimos como el chavismo. De allí que surjan cuentos e historias, algunas ciertas otras falsas, pero cuando el rio no deja de sonar es porque rocas trae, más aún cuando hay tantas evidencias y ambos bandos, seguros uno del otro, desechan las apariencias dejando todo al más impúdico exhibicionismo… a ver sí nos explicamos:

 

Lo del CNE es probablemente la puñalada trapera que más duele a los demócratas venezolanos en los últimos 5 años, la participación pagana en las presidenciales 2018 de un sector colaboracionista al régimen pasó por debajo de la mesa, era demasiado obvio la pantomima, pero el que la oposición formal/única (la de Guaidó) haya aceptado en la AN conformar un “nuevo CNE” sí que duele… no ahondaremos en los razonamientos pues ya los hemos explayado (Artículo anterior “Nuevo CNE ¡Fin de la oposición!”). Sea como sea, queda al desnudo el secreto del chavismo.

 

Ese secreto no son las oposiciones serviles y tarifadas que le han dado un falso matiz democrático. Tampoco lo es el populismo salvaje que buenos fruto les da. La violencia institucionalizada, una de las patas fuertes del taburete donde reposa un poder amenazado por propios y extraño, es determinante si… pero el secreto que mantiene al chavismo anclado en el poder es: La domesticación de la calle.

 

El castrismo venezolano, alias chavismo, sabe el único antídoto contra su mortífero veneno es la explosión social, así lo fue cuando se derrocó a Chávez en 2002, cuando trastabilló en 2014 y 2017, solo la violencia atroz pudo frenar ese sentimiento popular, pues el pueblo quedó solo ante el equívoco destino de las armas del Estado. De este modo, el chavismo supo que el fin supremo fue y será evitar la calle coja vuelo… allí se les va lavida.

 

El boom petrolero puso unas barandas ficticias, era cuestión de tiempo (más bien duró demasiado) para que la corrupción, despilfarro y la desidia dieran al traste con el frágil proyecto, tanto que en 2011, con Chávez gobernando, Pdvsa comenzaba mermar su producción, de ese modo, imposibilitados de pagar conciencias, lo electoral desde 2015 dejó de ser una opción y la violencia institucionalizada pasó ser (definitivamente) la única herramienta efectiva para domar oposiciones, calmar las in crescendo exigencias populares… retener el poder.

 

Lo del CNE ha dejado a los demócratas de buena fe boquiabiertos, dejando también al descubierto que muchísimas historias tejidas en torno a una oposición aliada del régimen tienen asidero. Al igual que las presuntas presidenciales 2018, la elección de los nuevos rectores en este marco de inconstitucionalidad, de desdemocratización, al más inhumano margen de las urgentes necesidades de la población, dejó de ser un cuento y se convirtió en un triste hecho.

 

A los venezolanos nos falta aprender todavía, nos falta asimilar que la única ideología útil a la nación es la búsqueda/exigencia de gobernantes capaces, las demás ideologías idiotizan, generan élites enclaustradas al poder y pueblos oprimidos, manipulables a través de necesidades inducidas. Debemos aprender, en política no hay mesías, ni en filas gubernamentales ni opositoras, solo deben existir funcionarios públicos momentáneos. Creer en comandantes eternos o supremos, en líderes incuestionables es cuna de atraso, de tercermundismo, de lo que exactamente ocurre en esta Venezuela desnaturalizada.

 

Entiéndase, lograr la Venezuela añorada no está en manos de gobernantes, siempre susceptibles a aferrarse al poder, ni en ningún político autoproclamado insustituible, está exclusivamente en manos de su gente, de su población, en su capacidad de exigir y jamás rendirse.

 

Leandro Rodríguez  / @leandrotango

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