Reflexiones: Jerusalén, Parte I. Por Luis Acosta

No es fácil el atreverse a opinar sobre Jerusalén, sus grandezas y debilidades. Por un lado, fácil es sinónimo de comodidad pero no tiene atractivos ni atrevimientos; en cambio, introducirse allí, en Jerusalén, es dificultoso porque los detalles históricos muchos llegan sesgados y envejecidos por ser milenarios en el tiempo. De ese modo, “a vuelo de pájaro”, es complicado y, por tanto, llevarlos a la aceptación de las partes en discordia solo lo logra quien esté libre de parcialidades.  Sintiéndonos con esa hechura de sana expresión, empezamos este escrito.

“Jerusalén nació como ciudad de Palestina, llamada después La Ciudad Santa por cristianos, musulmanes y judíos. La ciudad vieja está dividida en barrios de acuerdo con la religión de los moradores y allí los judíos para el año 1960, según tratadistas y numerólogos, sumaban más del 50% de la población establecida”. Por otra parte, “no hay ciudad en el mundo que posea reliquias tan universales como la vieja ciudad de Jerusalén; esas joyas, óleos y objetos, hermosos y valiosos, son para enseñar y no para vender”. Pero es bueno saber, en el inicio, que “Jerusalén fue destruida varias veces por turcos y musulmanes y sufrió muchos siniestros más. En efecto, ninguna otra ciudad en el mundo ostenta un pasado más fecundo en guerra y devastación. Tres milenios antes de nuestra era, se apoderaron de ella los cananeos. Mil años después, la dominan los egipcios y, al cabo de 10 siglos antes de Jesucristo,  la hacen suya los judíos. Entonces es David el jefe del pueblo hebreo y la hace su capital”. De suerte pues, que Jerusalén tiene una historia de amor, cristiandad y guerra tan destructiva como compleja y larga hasta que “en 1917, después de la guerra del 14 y bajo el patrocinio de la Sociedad de las Naciones, se impone un mandato inglés. Mas tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, los judíos promovieron un movimiento de retorno a Palestina para reconstruir la patria israelita y cuyo centro de reacción y resistencia es Jerusalén”.

Si analizamos el problema para opinar después, hay que seguir la vida moderna, es decir, la vida histórica, para llegar a los sucesos y a la corriente actual, para así tener claro quién llegó y quien se quedó allí, después de todo. Por otro lado, “la otra parte de esta interesante ciudad, la moderna, lo maneja un patrocinio dirigido por la ONU. El asunto está en que es en la ciudad vieja donde vivió Jesucristo la parte más importante de su vida, según las escrituras. Eso la ha hecho singularmente valiosa de todo valor para sirios y troyanos y, más aun, para judíos y palestinos. Esto hace que hoy sea útil y necesario no buscar causas sino efectos para plantear una solución que más que justa sea razonable para hacerla posible porque la acción enteramente justa no creemos que pueda establecerse jamás. Entonces, es quien la pueda manejar mejor en la esencia religiosa y el orden urbano; y quien la pueda sostener a la altura de lo que representa con espíritu, alma y humanidad  y pueda arreglar y cuidar a Jerusalén (Casa de la Paz, en hebreo), la Ciudad Santa, cívica, moral, espiritual y económica; es decir, la Ciudad de Dios”.

A estas alturas, no se trata de colocar dueños sino quienes tienen parte que recibir por derechos de roles supremos directos e indirectos y quienes dentro de los que están dentro de los derechos y hechos dispongan mas para repartir entre todos y en sus proporciones para compensar. Desde luego, no es de pensar mediciones de partes económicas, ni de propiedad civil sino de razonamiento, como venimos repitiendo. En efecto, los judíos son originarios desde tiempos de Abraham; son los últimos tenedores, pisatarios y poseedores desde el año 1049 antes de Jesucristo. Esto lo establecen los libros y los testigos históricos. En cambio, el Palestino, es de pertenecía interrumpida, sentimental e histórica en lo parcial y no en lo integral, y sin mucho valor agregado salvo el del débil jurídico, o sea, mucho apoyo sentimental y espiritual pero poco razonamiento, ni sentido de pertenencia.

La próxima semana concluiremos este trabajo a manera de propuesta que inspira el alcance de la Paz en el Medio-Oriente.

 

DC / Luis Acosta

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