Ya  él mismo  en su calamitosa  campaña, había dicho que era arrechísima la responsabilidad  legada,  por quien todavía espera que algún día deje de exprimirlo y ordene su cristiana sepultura,  junto a su abuela Mamá  Rosa, en aquellas tierras lejanas y más queridas que las del cuartel de la montaña.  Cuando partió por última vez,  en su cortejo fúnebre de  la casa de los sueños azules, lo dejó posesionado con el aval político y el morral cargado con más de 20 puntos  por  encima,  de quien le presentó su último combate,  para que en tan solo  en  10  aventajados días, los perdiera en la primera escaramuza del combate, dando demostración de ser más sonso que ese personaje caricaturesco de la segunda guerra mundial, conocido en el imperio como  Beto el recluta.

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