
Nueve meses tras la captura de Nicolás Maduro, la estrategia estadounidense para estabilizar el chavismo no ha logrado concretar elecciones ni mejorar la vida cotidiana en Venezuela. A medida que pasa el tiempo, el costo social y político de esta demora crece.
Desde el inicio, la opción era clara: iniciar una transición democrática o mantener el poder bajo una nueva forma. EE.UU. optó por una transición tutelada con Delcy Rodríguez como figura clave en la negociación con sectores del chavismo. Sin embargo, nueve meses después, esa estrategia no parece estar dando resultados efectivos. Aunque hubo una promesa de estabilidad y apertura, se ha visto una continuidad del control estatal en manos del chavismo.
Hoy, el país enfrenta una crisis persistente. La mayoría de los venezolanos anhela un cambio, y María Corina Machado se presenta como una figura política con respaldo popular. No obstante, el proceso de transición se ha vuelto más complicado y incierto.
La estrategia adoptada por EE.UU. ha sido criticada por no incluir condiciones claras para elecciones y reformar el sistema electoral. La promesa de apertura económica no ha ido acompañada de una apertura política real, lo que ha creado desconfianza entre la población. Los servicios básicos siguen siendo insuficientes, y la pobreza continúa afectando a millones.
Mientras tanto, la política estadounidense enfrenta un desgaste. En este contexto, el regreso de María Corina Machado podría ser un elemento decisivo, siempre que se vincule a una agenda que impulse la exigencia de libertad y elecciones. Para mejorar la situación, se requiere establecer tiempos concretos para un proceso electoral, garantizar la actividad política plena y asegurar la transparencia en las inversiones.
Las posibilidades de cambio aún existen, pero dependen de un ajuste en el enfoque hacia una transición más democrática y con una participación activa de los ciudadanos.
DCN/Agencias