La intensa sequía que azota a Europa está generando efectos negativos en la economía, ya que los ríos se secan, las cosechas se pierden, y tanto los costos de transporte como los precios de los alimentos están en aumento. Los institutos de investigación no han podido determinar con precisión el impacto en la inflación, pero es evidente que los fenómenos climáticos extremos están presionando los precios al alza.
El Rin, vital para el comercio europeo, ha visto una disminución en la capacidad de carga de los barcos. Según Torsten Schmidt del instituto RWI en Essen, «cuando los barcos solo pueden transportar una fracción de su carga habitual, los costos por tonelada aumentan considerablemente». Esto repercute directamente en el precio de productos energéticos, como el diésel y el combustible para calefacción, que dependen del transporte fluvial.
Por otro lado, la FAO indica que desde 2020, los precios de la carne y las semillas oleaginosas han subido notablemente. En general, los alimentos se encuentran un 30% por encima de los niveles de 2020. La sequía y las altas temperaturas aumentan la volatilidad de los precios agrícolas, sumándose a las tensiones en las cadenas de suministro y al encarecimiento del gas y petróleo debido a conflictos en Irán y Ucrania.
El informe titulado «Fenómenos climáticos extremos, subidas de los precios de los alimentos y sus riesgos más amplios para la sociedad», elaborado por diversas instituciones europeas y el Banco Central Europeo, advierte sobre las crecientes dificultades que podrían enfrentar los bancos centrales para mantener la estabilidad de precios. En 2023, el BCE indicó que estos fenómenos generan una presión inflacionaria persistente, con variaciones según el país. La sequía representa, entonces, un reto tanto ambiental como económico.
Con información de Deutsche Welle.
DCN/Agencias