Mientras Europa sufre cierres industriales y un crecimiento debilitado, Estados Unidos sigue consolidando su ventaja económica. La reciente clausura de la «Fábrica Transparente» de Volkswagen en Dresde contrasta con la expansión de la planta de BMW en Spartanburg, Carolina del Sur. Esta discrepancia plantea interrogantes para los economistas sobre cómo la economía estadounidense supera a sus pares desarrollados, a pesar de enfrentar los mismos desafíos globales.
En años recientes, las economías avanzadas han lidiado con una serie de golpes: imponentes aranceles comerciales, preocupaciones migratorias, interrupciones en las cadenas de suministro y el aumento de precios del petróleo debido al conflicto en Oriente Medio. Aunque muchos esperaban que Estados Unidos fuera uno de los más afectados, el país ha mantenido un crecimiento anual cercano al 2%, sorteando la amenaza de una expansión débil con inflación persistente.
A pesar de los aranceles, las corporaciones estadounidenses han incrementado su inversión de capital, alcanzando un 13,9% del PIB, un porcentaje alto en medio de esta inestabilidad. Según Brusuelas, parte de esta presión fue mitigada por un aumento en la productividad, lo que facilitó el crecimiento en tiempos de alta inflación.
Históricamente, los incrementos en los precios del petróleo afectaban negativamente a la economía estadounidense. Sin embargo, la revolución del fracking ha transformado esta vulnerabilidad en una ventaja, convirtiendo a Estados Unidos en uno de los mayores productores de petróleo y gas, reduciendo la dependencia de importaciones.
A pesar de tensiones geopolíticas y presiones inflacionarias, la economía estadounidense sigue demostrando una notable capacidad de adaptación, sustentada por inversión sostenida, productividad en aumento y una sólida base energética.
DCN/Agencias