
El Papa escuchó este viernes en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, testimonios sobre los sueños y las dificultades que enfrentan muchos inmigrantes al abandonar sus países. Uno de estos relatos fue el de Thalia Johana Saldarriaga Diago, quien dejó a su hijo en Colombia y se vio sin recursos en España. Gracias a la ayuda de diversas organizaciones, encontró no solo un techo, sino una oportunidad para recuperar su dignidad. Actualmente, Thalia se ofrece como voluntaria para ayudar a otros inmigrantes, con la esperanza de que su experiencia sirva de apoyo.
El Papa Francisco destacó la importancia de la acogida que reciben los inmigrantes en esta ciudad, refiriéndose a ella como una “ciudad sin murallas”. Mencionó el “naufragio silencioso” que viven quienes llegan sin recursos, lengua, o vínculos, exponiéndose a la explotación por su vulnerabilidad.
Darwin Rivasel, un sacerdote venezolano en El Hierro, compartió su experiencia de siete años en las Islas Canarias, donde ha trabajado bajo el lema de “acoger, proteger, promover e integrar”. Narró cómo muchas personas han respondido a la crisis migratoria, encontrando siempre motivos de esperanza en las sonrisas y agradecimientos de los inmigrantes.
Asimismo, un joven marroquí de 24 años agradeció a la Iglesia católica por su asistencia en la búsqueda de trabajo y residencia legal, señalando que la presencia del Papa es un ejemplo del compromiso cristiano hacia los migrantes. Otro inmigrante, de Senegal, también reconoció la ayuda recibida de la ONG El Buen Samaritano, agradeciendo al pontífice por no ignorar el drama de la inmigración irregular.
La jornada culminó con un mensaje enfocado en la necesidad de seguir apoyando a quienes atraviesan estas realidades difíciles, enfatizando el valor de la compasión y la ayuda mutua en la comunidad.
DCN/Agencias