
El debate sobre el uso de dispositivos electrónicos ha cambiado, dejando atrás la preocupación por las horas frente a pantallas. Ahora, se centra en las actividades realizadas por jóvenes y adultos en ese tiempo. Es crucial distinguir entre el tiempo de pantalla activo y el pasivo para evaluar tanto los beneficios como los riesgos para la salud.
El uso pasivo implica recibir información sin interacción significativa, como ver televisión, mirar videos en YouTube automáticamente o navegar sin rumbo en redes sociales como TikTok e Instagram. Este tipo de consumo se caracteriza por la falta de un objetivo claro y escasa conexión social. Investigaciones han vinculado este uso con problemas como menor calidad de sueño, irritabilidad y dificultad para concentrarse, incluso en quienes mantienen actividad física recomendada.
Por otro lado, el tiempo de pantalla activo conlleva participación cognitiva y creatividad. Esto incluye realizar tareas escolares, jugar juegos educativos, programar, editar videos o mantener videollamadas. Este uso involucra al usuario de manera consciente, promoviendo la resolución de problemas y el aprendizaje, lo que beneficia el desarrollo de habilidades.
La diferencia entre estos tipos de uso no depende solo del dispositivo, sino de la actividad en sí. Por ejemplo, ver televisión es pasivo, mientras que usar la computadora para aprender algo nuevo es activo. Esta distinción es esencial para entender el impacto en el desarrollo cognitivo y la salud mental de jóvenes y adultos.
La investigación más reciente indica que el tiempo de pantalla puede afectar de diversas maneras el desarrollo social y cognitivo de los jóvenes. Un estudio con casi 10,000 participantes de entre 6 y 17 años mostró que el uso mentalmente pasivo, sobre todo relacionado con la televisión, está asociado con un bajo rendimiento académico y problemas sociales. Aquellos que dedican más de cuatro horas al día a actividades pasivas muestran menor curiosidad por aprender y un riesgo mayor de acoso escolar.
En contraste, el tiempo activo a niveles bajos puede ser beneficioso, aunque un uso excesivo también trae consigo mayores dificultades sociales y problemas de resiliencia. Es importante no solo considerar cuánto tiempo se pasa frente a una pantalla, sino qué se hace durante ese tiempo, priorizando actividades que fomenten la participación activa.
Además, se ha observado que las actividades mentalmente pasivas, como ver televisión, están vinculadas a un mayor riesgo de demencia, mientras que las que requieren esfuerzo intelectual pueden ofrecer alguna protección. Expertos han señalado que sustituir una hora de sedentarismo pasivo por una hora de actividad mental activa podría reducir el riesgo de demencia en un 7%. La estimulación cognitiva es fundamental para la salud del cerebro, advirtiendo sobre los efectos negativos del consumo prolongado de contenido pasivo.
DCN/Agencias