Las divisas en América Latina finalizaron febrero con un resultado mejor al previsto, a pesar del fortalecimiento del dólar a nivel global, la volatilidad en los metales y la incertidumbre comercial generada por los recientes aranceles anunciados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Según analistas, este comportamiento de la región se debió más a factores externos que a aspectos locales.
El índice del dólar (DXY) subió un 0,76% hasta el 26 de febrero, convirtiéndose en un factor crucial en el movimiento cambiario. La búsqueda de refugio, cambios en las expectativas sobre las tasas en EE. UU. y la implementación de aranceles globales generaron presiones en las divisas emergentes, aunque el impacto no fue homogéneo.
Monedas más líquidas, como el real brasileño, el peso mexicano y el chileno, asumieron la mayor parte de la cobertura y flujos salientes, actuando como válvulas de ajuste. Por el contrario, las divisas con menor profundidad mostraron movimientos más erráticos, influenciados por la toma de utilidades luego de meses de atractivos rendimientos, según Emanoelle Santos, analista de XTB Latam.
La analista Paula Chaves, de HFM, destaca que, a pesar de la presión del dólar, las monedas latinoamericanas no sufrieron un deterioro significativo. Esto se debe a un factor estructural: las tasas reales y los diferenciales de rendimiento en la región son relativamente atractivos. Varias economías han mantenido políticas monetarias restrictivas, lo que brinda un colchón ante la volatilidad global.
Renato Campos, CEO de GH Trading, señala que el fortalecimiento del dólar también se ve impulsado por factores geopolíticos y comerciales, aunque la región ha mostrado una notable resiliencia frente a eventos que en el pasado habrían producido depreciaciones mayores.
DCN/Agencias