Superman pargo. Por Eugenio Montoro

Por estos días nos tropezamos con un dibujo de Superman dándose un beso de boca con otro tipo cosa que, para los que fuimos educados en el siglo pasado, nos causó una reacción entre los límites de una inventada escala que va desde la tristeza hasta la repugnancia. Alguien nos explicó que no se trataba del Superman que conocimos sino de su hijo con Luisa Lane, pero eso no aplacó la sorpresa de ver convertido a Superman en un Superalgo.

La verdad es que somos muchos los que estamos hartos de tanta promoción sobre el movimiento LGTBI y de su presencia en todos los rincones incluyendo las historietas y películas de Disney que usualmente habían sido una referencia moral. Pero también es cierto que la vida en el planeta no es como uno quiere que sea, sino que es como es. Nuestros abuelos también criticaron la minifalda y el divorcio y hoy ni le paramos “media bola” a esos asuntos, así que, posiblemente, en el futuro, estos “supermanes” dejarán de ser noticia.

Pero este caso nos animó a imaginarnos como será el futuro del planeta en base a las tendencias actuales. Mucho de especular sin datos, pero van de seguida algunos pronósticos a sabiendas de lo polémico de las adivinanzas.

Uno de los clarísimos empeños de los humanos durante toda su historia ha sido la búsqueda de la comodidad. Desde los tiempos más remotos casi todos los inventos perseguían el hacer las cosas con menos esfuerzo, pero el siglo veinte fue sobresaliente. Allí apareció la lavadora de ropa para evitar el difícil y cansón restriego manual. La cocina para no tener que partir leña y encender el humeante fogón. La nevera para no tener que andar todos los días de caza. El teléfono para comunicarse rápido y con poco esfuerzo. El internet para leer la prensa sin siquiera salir. El vehículo para no caminar tanto y transportar cosas pesada. El tractor para olvidarse de abrir las lentas zanjas con animales. Los aires acondicionados para regular la comodidad de la temperatura. Los repelentes de insectos. Los medicamentos para evitar la incomodidad de estar enfermo y podríamos seguir escribiendo páginas de pruebas de que la comodidad es una fuerza mayor que guía a los humanos.

Si esto es así, el futuro es previsible y los robots y la inteligencia artificial estarán pronto con nosotros y el trabajo, tal como lo conocemos, dejará de existir y casi todo se obtendrá con muy poco esfuerzo físico humano. Los robots estarán por todas partes, haciendo cualquier cosa. Las enfermedades tendrán soluciones inmediatas y la comodidad casi total, tal vez nuestro sueño inconsciente, está cerca de ser alcanzada.

La otra tendencia en el actuar humano es la búsqueda del placer. A todos nos gusta disfrutar de nuestros sentidos. La buena música, el buen paisaje, la buena comida y bebida, el buen perfume y la suavidad de una caricia. El futuro pareciera ponerle pocos límites a los placeres y el hedonismo reinará. Todas las drogas conocidas y las que se inventen estarán disponibles y el sexo abarcará todas sus posibilidades. Pero también el placer impulsará al arte en sus muchas versiones y seguirán existiendo las formas de placer basadas en el amor. Algunos amarán leer o escribir, otros amarán cultivar su jardín, otros amarán estudiar o investigar y cada quien desarrollará su manera de obtener placer.

El mundo del futuro no tendrá límites ni fronteras y la movilidad entre regiones será total. Nuevos descubrimientos darán luz sobre la eternidad del universo y de sus repetidos big bang. Las religiones pasarán a ser recuerdos dando paso a un humano concentrado en buscar la felicidad en su existencia, quizás en línea con la canción de Lennon “Imagine there is no heaven” (imagina que no hay cielo) y el promedio de años de vida subirá a valores asombrosos.

Difícil es saber si en el futuro habrá la necesidad de gobernantes, pero, si los hubiera, estarán enfocados en crear escenarios mientras que los robots hacen bien toda la rutina. El dinero habrá dejado de existir, cada ciudadano tendrá un grado de educación sobresaliente y podrá obtener lo que necesita solo con pequeños aportes intelectuales o en realizar algunas cosas difíciles para los sistemas artificiales. La tecnología habrá creado un traductor de idiomas universal que se implantará al nacer. La población estará limitada en cantidad y las necesidades de energía serán totalmente cubiertas con las plantas de fusión nuclear.

Pero mientras llegamos a todo eso sigamos disfrutando de Alex Saab cuyas eventuales declaraciones le tienen apretados los esfínteres a Maduro. Como se nota el final de este artículo no tiene nada que ver con el futuro lejano y sí con los próximos días y, como vienen elecciones, iremos a votar por la tarjeta de la manito a ver qué pasa. Por cierto, nuestra bola de cristal anuncia que Maduro se va pronto.

 

Eugenio Montoro

montoroe@yahoo.es

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