Rocío San Miguel enfatiza la necesidad de impedir que los sectores más obstinados del gobierno y la oposición se unan para frenar el cambio

Venezuela atraviesa un delicado momento político, donde cada movimiento provoca oscilaciones en el equilibrio de poder. Luego de cambios inesperados en el liderazgo, el país vive un período de transformaciones palpables, pero aún sin estabilidad. Aunque se observan avances frente a una década de estancamiento, la transición se mantiene vulnerable y depende de eventos recientes más que de estructuras firmes y consolidadas.

El Estado venezolano, colapsado, presenta una contradicción: mientras la ciudadanía recupera un margen de acción, las instituciones apenas funcionan por inercia administrativa. La crisis se agrava con eventos naturales y problemas inmediatos que parecen fuera del alcance del gobierno. Aunque no se han registrado retrocesos recientes, la falta de elecciones limita la evolución hacia una democracia plenamente operativa.

Recientemente, decisiones judiciales inesperadas han permitido la absolución de personas como Rocío San Miguel, tras casi dos años de prisión. Aunque su liberación representa un hito, otros casos aún permanecen en el limbo judicial. San Miguel, figura destacada en el análisis de la Fuerza Armada y defensora de los derechos humanos, había sido arrestada en 2024, acusada de varios delitos, pero fue finalmente absuelta en octubre de 2026.

La ex detenida subraya que su absolución fue solicitada incluso por la Fiscalía, lo cual indica un cambio importante por parte del Estado. Insiste en que este momento es crucial para formular reformas que aseguren que la historia no se repita y resalta la importancia de una justicia independiente y de la rendición de cuentas en Venezuela.

DCN/Agencias

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