
En los alegatos finales ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), la voz de las víctimas de la masacre del 11 de abril de 2002 volvió a resonar. Mohamed Merhi, padre de Jesús Mohamad Capote Espinoza, uno de los jóvenes asesinados durante las protestas de aquel día, presentó un testimonio cargado de dolor y exigencias por la justicia, tras 24 años de búsqueda de verdad en medio de un sistema de impunidad.
Merhi recordó la promesa que le hizo a su hijo tras su muerte: no descansar hasta que se haga justicia. En su declaración ante el tribunal, subrayó que su lucha no se basa en el deseo de venganza, sino en el amor que su familia siente por Jesús. “Han pasado 24 años y medio. No nos anima ningún sentimiento de revancha” expresó, destacando que su reclamo es por la verdad y el homenaje a su hijo.
Relató además el profundo impacto que la pérdida de Jesús tuvo en su familia. Merhi mencionó que su hijo menor, quien tenía apenas 10 años cuando sucedió el crimen, sufrió un trauma severo y que la madre todavía guarda esperanzas de abrazar a Jesús una vez más.
Durante su intervención, Merhi hizo hincapié en que la falta de respuestas sobre el caso no es accidental, sino producto de un sistema institucional diseñado para encubrir a los responsables. “La impunidad es total. Esa impunidad no es un accidente. Es el resultado de un sistema que ha protegido a los responsables y que ha desestimado investigaciones”, afirmó ante los magistrados.
Finalmente, Mohamed Merhi exigió a la Corte Interamericana que emita una sentencia que obligue al Estado venezolano a reconocer su responsabilidad y a llevar a cabo las investigaciones correspondientes para juzgar a los responsables del crimen, asegurando que la memoria de su hijo no se pierda en la impunidad.
DCN/Agencias