
Recientemente, un equipo de científicos de la Universidad de California en Los Ángeles ha hecho un descubrimiento fascinante. Según un estudio publicado en la revista Science Advances, el famoso Tyrannosaurus rex tenía una temperatura corporal aproximada de 36,3 grados Celsius, lo que lo convierte en un dinosaurio de «sangre caliente». Esto implica que podía ser un cazador activo y no solo un carroñero, adaptándose a su entorno con un metabolismo rápido.
Aunque se trataba de un reptil, la temperatura de su cuerpo se asemeja más a la de mamíferos modernos que a animales de sangre fría. Este hallazgo sugiere que al menos algunos dinosaurios, como el T. rex, pudieron tener características fisiológicas que les permitían regular su temperatura, lo que abriría dudas sobre cómo vivían y se comportaban.
El estudio se basa en el análisis de enlaces químicos en el esmalte dental del T. rex. Estos enlaces, formados por isótopos raros de carbono y oxígeno, varían según la temperatura. Cuando los investigadores observaron la cantidad de estos enlaces, encontraron una menor presencia en sus dientes, lo que confirmaba su condición de animal de sangre caliente.
Robert Eagle, uno de los autores del estudio, subraya que los dientes son ideales para este tipo de análisis por su durabilidad. Estos nuevos datos no solo ayudan a comprender mejor el metabolismo del T. rex, sino que también respaldan teorías sobre su comportamiento, sugiriendo que podría haberse alimentado activamente y sobrevivir en climas más fríos que los dinosaurios de sangre fría.
Alessandro Chiarenza, coautor del estudio, también destacó cómo estos hallazgos permiten una mejor comprensión de la evolución de los dinosaurios y su distanciamiento de los reptiles modernos. El equipo había desarrollado un «termómetro prehistórico» hace años, pero para analizar un T. rex se requería mucho material que ningún museo estaba dispuesto a ceder. Sin embargo, tras perfeccionar su técnica, lograron utilizar pequeñas muestras del esqueleto del T. rex conocido como ‘Thomas’, uno de los más completos en exhibición.
Luis Chiappe, director de investigación del Museo de Historia Natural de Los Ángeles, destacó la importancia de sacrificar pequeñas partes de los dientes para obtener información valiosa sobre estos antiguos seres que habitaron la Tierra más de 60 millones de años atrás.
Este descubrimiento no solo es un avance científico; también nos permite reimaginar cómo vivían estos gigantes en un mundo que todavía tiene muchos secretos por revelar. ¡Y eso es simplemente fascinante!
DCN/Agencias