Título: «El Trauma Oculto: Mascotas en Venezuela Afectadas por el Estrés Postraumático tras el Sismo»

Antes del 24 de junio, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) en mascotas era un tema prácticamente desconocido para muchos venezolanos. Sin embargo, tras semanas de rescates y la angustia de animales atrapados entre escombros, esta condición ha comenzado a ganar visibilidad.

El TEPT puede afectar tanto a perros como a gatos, quienes pueden reaccionar de manera intensa a eventos traumáticos, como el terremoto reciente. Aunque algunos animales no sufrieron daños directos, la experiencia del sismo puede haberles dejado un estado de alerta que persiste. Este trastorno se caracteriza porque el cerebro del animal permanece en modo de alarma, afectando su comportamiento, descanso, alimentación e interacciones.

Los desastres naturales, maltratos, accidentes o situaciones que amenazan su vida son detonadores comunes de esta condición. Los perros suelen mostrar sus miedos más abiertamente, mientras que los gatos a menudo se esconden hasta que el dolor emocional se hace evidente.

Los signos de traumatismo pueden variar. En los perros, se pueden observar respuestas como hipersensibilidad a ruidos, ladridos excesivos, ansiedad, pérdida de apetito y dificultad para relajarse. Por su parte, los gatos tienden a retirarse y pueden evitar el contacto humano o incluso dejar de usar su arenero. Estos síntomas pueden presentarse inmediatamente después del evento o semanas más tarde.

Después del terremoto, muchos animales sufrieron situaciones muy estresantes y algunos quedaron atrapados o separados de sus dueños. Por eso, durante las semanas siguientes, es crucial estar atentos a cambios en su comportamiento, como temblores, miedos inusuales, alteraciones en el apetito o vocalizaciones excesivas. La buena noticia es que, con el tiempo y el cuidado adecuado, muchos animales pueden recuperarse.

Para los cuidadores, ofrecer estabilidad es fundamental. Establecer rutinas, como horarios regulares para comida y paseos, transmite seguridad. También es importante crear un espacio tranquilo donde el animal se sienta seguro. Evitar el castigo es clave, ya que una mascota que actúa por miedo no está desobedeciendo, sino que comunica su angustia. El juego y actividades que les permitan explorar su entorno son beneficiosos para su recuperación.

Si después de un mes las conductas problemáticas persisten o empeoran, se recomienda buscar la ayuda de un veterinario especializado en comportamiento. Las mascotas también experimentan miedo y comprender sus reacciones, acompañado de paciencia y estabilidad, es esencial para su sanación. La calma familiar es crucial en el proceso de recuperación.

DCN/Agencias

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