Soledad Morillo Belloso: El Precio del ‘Banana Country’ en el Deporte

Venezuela: De Proveedor a Presa Geopolítica

Durante décadas, Venezuela fue un aliado estratégico en el suministro de petróleo para Estados Unidos. Esta relación no solo se fundamentaba en la explotación de recursos naturales, sino que también se reforzaba por un entorno político y institucional que ofrecía estabilidad y previsibilidad. En comparación con otros países de la región, Venezuela no generaba tensiones ni crisis, lo que le otorgaba una relevancia especial en el juego geopolítico.

Sin embargo, esa imagen de estabilidad oculta una realidad más compleja. Se denomina “banana country” a un estado cuya soberanía es frágil, con instituciones débiles y una economía dependiente de un solo recurso. Para muchos en Estados Unidos, ver a Venezuela caer en esta categoría podría parecer ventajoso, pero es un grave error. La debilidad de un país siempre termina transformándose en una carga para el que ejerce el control.

La relación entre un país poderoso y uno frágil puede parecer beneficiosa al principio. El acceso a recursos y mano de obra barata facilita acuerdos comerciales. No obstante, sobre esta fachada se sostiene una dependencia estructural. Venezuela, al depender del petróleo, ha vaciado sus instituciones y ha creado una élite alineada con intereses extranjeros. Esta arquitectura social y económica es un caldo de cultivo para la vulnerabilidad, que, en el ámbito internacional, exige constante vigilancia y gastos.

La situación se complica aún más en caso de crisis. Cuando un “banana country” enfrenta desastres naturales o conflictos, la responsabilidad recae sobre el país que lo controla. Con el tiempo, las preguntas comienzan a surgir: “¿Por qué no se intervino a tiempo?”. Así, lo que parecía un control absoluto se convierte en una corresponsabilidad obligatoria.

Algunos en Estados Unidos parecen desestimar las implicaciones de tener una Venezuela inestable. Intentar convertirla en un “banana country” no ofrecería ventajas, sino que incrementaría responsabilidad y costos para los contribuyentes estadounidenses. Una economía sin instituciones funcionales se convierte en un terreno fértil para capitales volátiles que no garantizan inversiones a largo plazo.

Además, desde una perspectiva geopolítica, un país inestable en el Caribe representa un foco de tensiones que Washington tendría que gestionar. En el ámbito migratorio, la crisis empuja a millones a abandonar sus tierras, lo que repercute en la política migratoria de Estados Unidos y sus aliados. Cualquier crisis en Venezuela sería percibida como un fracaso en la gestión estadounidense, lo que podría tener consecuencias reputacionales negativas.

La política se convierte en una paradoja: el control genera dependencia, y esta, a su vez, conlleva obligaciones. Un país poderoso podría quedar atrapado en un ciclo del que no puede escapar sin enfrentar altos costos. Es fundamental que los líderes políticos de Estados Unidos reconsideren su estrategia hacia Venezuela, reconociendo que el verdadero interés radica en mantener un país estable y funcional, no en convertirlo en una carga geopolítica.

DCN/Agencias

Entérate al instante de más noticias con tu celular siguiéndonos en Twitter y Telegram
Suscribir vía Telegram

Lo más Leído

Tu opinión vale...

Lea también