«¡Renace la leyenda! El reloj de sol del Paseo Ciencias, el último vestigio de un pasado glorioso en Maracaibo, brilla tras 50 años como joya urbana».

En el corazón del casco central de Maracaibo, donde el ajetreo comercial y el movimiento vehicular reinan, se erige un reloj de sol en la intersección de la avenida 7 (Vargas) con la calle 96 (Ciencias). Esta estructura, que lleva más de medio siglo en pie, no solo cronometra el paso del tiempo, sino que también ha sido testigo silencioso de la evolución arquitectónica de la ciudad.

Instalado en 1973 como parte del Paseo Ciencias, este reloj exhibe un diseño geométrico y austero, construido en concreto y metal. Su propósito es interactuar con el sol marabino, proyectando sombras sobre su superficie graduada para que los transeúntes puedan saber la hora solar.

El valor patrimonial de este reloj radica en su sorprendente resistencia a las transformaciones que ha vivido Maracaibo. A pesar de las numerosas intervenciones urbanísticas, remodelaciones y cambios de administración, se mantiene como la única pieza original del Paseo Ciencias intacta en su ubicación. Su presencia ha sido constante a lo largo de cinco décadas, convirtiéndose en un hito de referencia y un vestigio de la planificación urbana de la ciudad en el siglo XX.

En el ámbito de su autoría, durante años se consideró un trabajo anónimo. Sin embargo, investigaciones recientes apuntan al escultor venezolano Víctor Valera (1927-2013) como su creador. Valera, pionero del arte abstracto y la escultura en el espacio público, aparentemente se inspiró en un boceto de Leonardo Da Vinci y adaptó conceptos físicos y matemáticos en su diseño de esta estructura.

Además, se menciona otra versión de su origen: se atribuye a la comunidad italiana en Zulia, que habría gestionado y donado la obra en la década de 1970 como parte del proceso de modernización del casco central, buscando integrar culturalmente el nuevo Paseo Ciencias.

Hoy, el reloj de sol no es solo un elemento decorativo; es un símbolo de la memoria colectiva de Maracaibo. Para los marabinos, representa curiosidad y aprecio por una pieza que, en un mundo digitalizado, sigue registrando el tiempo a través de la física y la luz del Zulia.

DCN/Agencias

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