
Escrito por: Joseph Ñambre | Cuenta de X: @JosephSports27
Foto: Cortesía
El trágico doble sismo que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio de 2026 dejó una huella imborrable en el país, cobrándose la vida de 3.999 personas, entre ellas dos jóvenes futbolistas, Lucas Gámez y Sebastián Rapetti.
Ambos jugadores perdieron la vida en La Guaira, una de las zonas más afectadas por los temblores de 7.2 y 7.5 en magnitud. Gámez y Rapetti estaban en edificios que colapsaron durante el desastre, lo que agudizó el dolor en la comunidad futbolística.
Lucas Gámez, de solo 8 años, había comenzado su carrera futbolística en Defensores de Belgrano de Argentina y recientemente se había integrado a la Academia del Atlético de Madrid en Venezuela. La noticia de su fallecimiento causó gran tristeza en el club colchonero, que se pronunció en redes sociales: “La familia atlética está de luto por el fallecimiento de Lucas. Descanse en paz”.
Su desaparición también impactó profundamente en la comunidad deportiva, tanto a nivel nacional como internacional, donde muchos expresaron sus condolencias hacia su familia. Lucas, hijo de Marco Gómez y Blancalida Martínez, fue hallado sin vida en los escombros del edificio Miramar después de intensas labores de rescate.
Rapetti, por su parte, tenía 19 años y se destacó en diferentes modalidades del fútbol: campo, playa y sala. Fue encontrado sin vida en Macuto, causando un fuerte dolor entre sus compañeros de CF La Guaira Sport, la escuela donde se había formado. El joven había brillado en torneos locales y había dejado su huella en el fútbol, especialmente en el torneo sub 20 de fútbol playa en Camurí Chico.
La tragedia que unió a Gámez y Rapetti se extiende más allá de sus talentos. Ambos estaban rodeados de seres queridos al momento del desenlace; Lucas con sus tíos y Sebastián con su madre. Las familias de estos jóvenes comparten la esperanza de que ahora “juegan en las canchas del cielo”, aferrándose a su fe en Cristo. El padre de Lucas mencionó que recientemente había tenido el sueño de que su hijo iba a ser santo, reflejando la profunda conexión espiritual que siempre los acompañará.
DCN/Agencias