
Durante los últimos años, la migración venezolana había experimentado un cambio significativo. Tras el éxodo masivo que posicionó al país en uno de los mayores movimientos migratorios de América Latina, el flujo de salida comenzó a estabilizarse. Aunque los venezolanos continuaron abandonando su tierra, la intensidad no se comparaba con la de 2015 a 2019. Algunos incluso consideraron regresar, impulsados por la reunificación familiar y una aparente estabilización económica.
Sin embargo, el doble terremoto del 24 de junio podría alterar nuevamente esta situación. Según Tomás Páez, sociólogo y presidente del Observatorio de la Diáspora Venezolana, es prematuro cuantificar cuántos podrían migrar tras el desastre, pero subraya que este suceso añade presión a una población en condiciones vulnerables. Páez enfatiza la necesidad de apoyo inmediato a los damnificados en un país que ya enfrenta un colapso institucional.
Los sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, ocasionaron pérdida de viviendas y desplazamientos internos, mientras muchas familias permanecen fuera de sus casas a la espera de inspecciones. Las proyecciones apuntan a un eventual desplazamiento internacional, aunque aún no se ha podido confirmar.
El terremoto también afecta las expectativas de los venezolanos en el exterior que pensaban en regresar. Un estudio reciente muestra que las condiciones de seguridad, empleo y servicios públicos, que influencian el retorno, han empeorado. La reconstrucción del país requerirá millonarias inversiones que el Estado no puede cubrir actualmente.
Frente a esta crisis, las organizaciones de la diáspora han comenzado a movilizarse para brindar ayuda. A pesar de los desafíos, hay un reconocimiento de la solidaridad y la capacidad de apoyo entre los venezolanos, tanto dentro como fuera del país.
DCN/Agencias