El ajo y su efecto en el hígado graso: La alicina podría disminuir la inflamación y la acumulación de grasa

Comer ajo de manera regular puede tener beneficios para el hígado, gracias a su potencial efecto antiinflamatorio, aunque no lo cura ni lo protege por sí solo de enfermedades hepáticas, según lo indicado por la revista Parade, que entrevistó a nutricionistas y consultó estudios sobre el hígado graso asociado a disfunciones metabólicas.
Los especialistas destacan que el ajo es más efectivo cuando forma parte de una dieta equilibrada y no como un remedio aislado. Esto es importante en un momento donde proliferan dietas de «desintoxicación» que aseguran limpiar el organismo, cuando, en realidad, el hígado ya desempeña esa labor eficientemente en personas sanas.
Katherine M. Patton, dietista de la Cleveland Clinic, mencionó que un hígado saludable filtra medicamentos, toxinas y bacterias de manera efectiva. También advirtió que muchas limpiezas incluyen dosis elevadas de hierbas y suplementos, los cuales pueden causar daño hepático debido al esfuerzo adicional que exigen al hígado en su procesamiento.
En cuanto al ajo y su relación con el hígado graso, Chris Mohr, especialista en nutrición, señaló que los estudios más robustos sobre su uso en salud hepática provienen de personas con enfermedad hepática esteatósica, antes conocida como hígado graso no alcohólico. Investigaciones recientes sugieren una conexión entre el consumo de suplementos de ajo en polvo y las variaciones en enzimas hepáticas y marcadores metabólicos, aunque no se espera ver resultados inmediatos.
Patton también indicó que el consumo regular de ajo podría disminuir la inflamación y el estrés oxidativo en un plazo de 12 semanas gracias a compuestos como la alicina. Sin embargo, recalcó que esos estudios se centraron en personas con hígado graso.
Al respecto, aclaró que triturar o masticar ajo crudo libera más alicina comparado con el ajo cocido, lo que potencialmente podría aumentar su efectividad, aunque aún no se ha determinado una cantidad específica para prevenir el avance de enfermedades hepáticas.
Por otro lado, Sharniquia White, nutricionista culinaria, destacó que, aunque el ajo es generalmente seguro, quienes estén bajo medicación deben consultar a un médico, ya que puede interactuar con anticoagulantes como la warfarina y aspirina. También advirtió que el ajo crudo podría causar malestar gastrointestinal en algunas personas.
En general, la mayoría de las personas sanas no presentan problemas al consumir ajo, pero es aconsejable consultar a un médico o nutricionista antes de iniciar suplementos o realizar cambios drásticos en la dieta. Además, los suplementos de ajo son más concentrados que el ajo fresco, lo que podría ser problemático para quienes tienen condiciones hepáticas.
DCN/Agencias