
El miércoles, Estados Unidos y Arabia Saudí anunciaron un acuerdo nuclear que permite al país del Golfo establecer un programa atómico con fines civiles. El anuncio, confirmado por ambos países y adelantado por The Washington Post, ha generado preocupación en Oriente Medio y el resto del mundo. Los detalles técnicos aún son escasos, ya que el acuerdo debe pasar por el Congreso de EE. UU., pero la principal inquietud es que Arabia Saudí podría enriquecer uranio, aumentando el riesgo de proliferación nuclear.
Este acuerdo, con una duración de 30 años, se valora en miles de millones de dólares. Durante una rueda de prensa, el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, explicó que el acuerdo permitiría a empresas estadounidenses del sector nuclear trabajar en el desarrollo de un programa de energía civil en Arabia Saudí, que busca diversificar su economía y reducir su dependencia del petróleo bajo el liderazgo del príncipe heredero Mohamed bin Salman.
Además, el acuerdo requiere que los saudíes utilicen tecnología nuclear estadounidense, excluyendo a otras potencias como Rusia y China. También está condicionado a que Arabia Saudí se sume a los Acuerdos de Abraham, que buscan normalizar relaciones entre Israel y varios países árabes. La inclusión de Arabia Saudí en estos acuerdos se detuvo tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la guerra en Gaza.
El aspecto más preocupante del acuerdo es la posibilidad de que se construya una instalación para el enriquecimiento de uranio en Arabia Saudí. Esto dependería de un estudio conjunto de dos años entre EE. UU. y Arabia Saudí que determine la necesidad de dicha instalación. Este proceso es controvertido, ya que el enriquecimiento de uranio puede llevar a la producción de armas nucleares. Históricamente, EE. UU. ha mostrado resistencia a permitir que otras naciones realicen este tipo de procesos nucleares, incluso bajo administraciones anteriores, incluida la de Biden.
DCN/Agencias