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Desde mediados de 2024, Cuba enfrenta una crisis energética profunda, que se ha agudizado desde enero debido al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos. Las autoridades cubanas han calificado estas medidas de «genocidas», acusando a Washington de asfixiar a la isla.
La semana pasada, el país experimentó dos apagones nacionales tras la desconexión total de su Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Esto se debe a la combinación del referido bloqueo y la obsolescencia de las termoeléctricas, muchas de las cuales llevan décadas en funcionamiento sin las inversiones necesarias.
Para este lunes, la Unión Eléctrica (UNE), dependiente del Ministerio de Energía y Minas, anticipa una capacidad de generación de solo 1.155 megavatios (MW) mientras que la demanda máxima será de 3.150 MW. Esto genera un déficit de 1.990 MW, y se estima que se desconectarán 2.020 MW para evitar apagones desordenados.
Además, se reportó que ocho de las dieciséis unidades de generación termoeléctrica están fuera de servicio por averías o mantenimiento. Este problema persiste porque estas plantas, que aportan un 40 % del mix energético del país, sufren múltiples fallas debido a su antigüedad.
La presión estadounidense ha provocado la paralización de motores de generación que dependen de diésel y fueloil importados, responsables de otro 40 % de la energía. El 20 % restante proviene de gas y fuentes renovables.
Cuba necesita más de 100 mil barriles de petróleo diarios para cubrir sus necesidades energéticas; de la producción nacional se obtienen aproximadamente 40 mil barriles, el resto debe ser adquirido en el exterior.
La crisis energética ha impactado gravemente la economía estatal, que se estima se contraerá al menos un 6,5 % este año, sumándose a una caída acumulada de más del 15 % en los últimos cinco años.
DCN/Agencias