
Después de varios días de búsqueda en hospitales y una morgue improvisada, Daniely Hurtado creyó haber encontrado el cuerpo de su esposo, uno de los deportados en el vuelo 164, durante el día en que dos sismos sacudieron el país. La etiqueta que acompañaba el cadáver tenía un nombre similar al de su pareja, pero con un número diferente. Junto a otra mujer en la misma situación, solicitó al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) que confirmara la identidad mediante huellas dactilares. Los resultados confirmaron que el cuerpo no pertenecía a Eduardo José Osal Mujica, de 32 años, originario de Lara, uno de los 146 deportados de Estados Unidos el 24 de junio.
Hurtado expresó su preocupación por la falta de organización en la morgue, señalando que las personas se llevaban cuerpos que podían parecerse a sus familiares sin el debido proceso de verificación.
Familias de otros deportados fallecidos han denunciado que la saturación del sistema forense, junto con condiciones de identificación deficientes y morgues improvisadas, generó confusión y posibles errores en la identificación de los cadáveres.
Cuando los familiares finalmente lograron encontrar a sus seres queridos, se encontraron con restos en avanzado estado de descomposición y el sistema forense completamente colapsado. Hurtado viajó a La Guaira al día siguiente de los temblores, dirigiéndose a un hotel donde estaban alojados los deportados para exámenes médicos y trámites de identidad, solo para descubrir que el edificio había colapsado y que su esposo fue hallado entre los escombros.
Un comisario del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) le comunicó el fallecimiento de Osal Mujica, pero al solicitar ver el cuerpo, le negaron el acceso, alegando que estaba en estado de descomposición. Luego le informaron que el cadáver había sido trasladado a la morgue del Hospital José María Vargas, pero, tras haber buscado allí, Hurtado sabía que no lo habían recibido, ya que la situación en la morgue era crítica, con un exceso de cuerpos que dificultaba su atención.
Esta situación resalta la problemática en el manejo de los cuerpos y la angustia vivida por los familiares en medio del caos generado por los sismos.
DCN/Agencias