¡Atención! El horror se desata en la morgue improvisada de Los Silos: un drama digno de película de terror.

Las antiguas instalaciones portuarias en La Guaira se han convertido en un centro forense de emergencia, donde cientos de cuerpos, cubiertos con bolsas plásticas, yacen expuestos al sol y en avanzado estado de descomposición. Muchos familiares que buscan identificar a sus seres queridos deben hacerlo a través de secuencias de fotografías en dispositivos iPad.

Los Silos, estructuras de concreto en el litoral central de Venezuela, son ahora un foco de angustia y crisis sanitaria tras el devastador doble terremoto. Acompañados por efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, cientos de familiares llegan a diario con la esperanza de reconocer los restos de sus seres queridos.

Según un reporte de BBC Mundo, la situación en el interior del complejo es alarmante. El calor extremo acelera la descomposición, lo que ha llevado al personal del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) a acomodar los cuerpos en hileras sobre el suelo. Los cadáveres están envueltos en bolsas de color negro.

El ambiente está impregnado de un fuerte olor a descomposición, lo que obliga a los trabajadores y a los civiles a utilizar mascarillas que resultan insuficientes para protegerse. La mayoría de las víctimas presentan traumatismos graves que han desfigurado sus rostros, complicando aún más el proceso de identificación.

Con el fin de facilitar el reconocimiento, las autoridades han implementado una metodología en la que los familiares son sentados frente a monitores. Allí, funcionarias policiales muestran secuencias de más de 1.000 imágenes digitalizadas. Las personas deben prestar atención a marcas específicas, cicatrices, dentaduras, prendas de vestir y tatuajes para confirmar el deceso de sus parientes.

Testimonios al respecto revelan la dureza de estos procedimientos. Liliana González, residente de Catia La Mar, describió el proceso como aterrador debido a la inflamación y desfiguración de los cuerpos, incluidos los de menores de edad.

Por otro lado, se han presentado quejas sobre la lentitud burocrática en la entrega de actas de defunción, documentos necesarios para que las funerarias puedan recoger los ataúdes. Esto provoca que los féretros permanezcan a la intemperie en los patios cercanos a la torre portuaria, mientras el número oficial de muertos en el país se aproxima a las 2.600 víctimas, con un aumento que aún se teme.

DCN/Agencias

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