
El impacto de dormir solo cuatro horas en una noche se asemeja al de haber ingerido alcohol, según advierte la psicóloga Nuria Roure, especialista en trastornos del sueño. Roure señala que las personas que permanecen más de 20 horas despiertas presentan un nivel de atención similar al de un individuo que ha consumido alrededor de seis cervezas.
Esta alerta aparece en un contexto en el que el descanso ha sido minimizado. El ritmo acelerado de vida, las largas jornadas laborales y el uso de dispositivos electrónicos hasta tarde han llevado a una tendencia preocupante. Los especialistas indican que dormir ha sido visto frecuentemente como una pérdida de tiempo, con algunas personalidades presumiendo de su escaso descanso.
Roure, autora del libro “Por fin duermo”, manifiesta que debemos dar al sueño la misma importancia que otorgamos al ejercicio, la nutrición y el bienestar emocional.
La falta de descanso no solo afecta la capacidad de reacción y la toma de decisiones, sino que también incrementa el riesgo de sufrir accidentes laborales o de tráfico. La falta de sueño deteriora la concentración y la memoria. Durante el sueño profundo, el cerebro procesa y consolida los recuerdos, regula emociones y restaura funciones vitales.
Si la privación de sueño se convierte en un problema crónico, aumenta la probabilidad de padecer hipertensión, diabetes, obesidad y enfermedades del corazón, además de debilitar el sistema inmunológico y hacer al cuerpo más susceptible a enfermedades.
Los expertos afirman que la falta de sueño es un problema creciente entre los adolescentes, quienes tienden a acostarse tarde y deben levantarse temprano para ir a la escuela. Esta acumulación de falta de descanso afecta tanto su salud como su desempeño académico.
Roure resalta la necesidad de incorporar una cultura del descanso, indicando que los adolescentes deben dormir aproximadamente nueve horas cada noche, lo cual es crucial para su desarrollo neurológico y emocional.
Para mejorar la calidad del sueño, los especialistas recomiendan seguir estas cuatro pautas:
Rutina: Mantener horarios regulares para dormir y despertar, similares a los de las comidas.
Estimulantes: Evitar bebidas con cafeína a partir de las cuatro de la tarde y cenas copiosas antes de dormir.
Preocupaciones: Intentar resolver inquietudes o gestionar el estrés antes de ir a la cama.
Smartphone: Limitar el uso de pantallas, ya que la luz azul de los dispositivos puede interferir en el sueño.
DCN/Agencias