La «pobreza menstrual» impacta la salud de niñas, adolescentes y mujeres en Venezuela

La pobreza menstrual en Venezuela afecta a un alto porcentaje de niñas, adolescentes y mujeres a lo largo del país, según la directora ejecutiva del Centro de Estudios de Derechos Sexuales y Reproductivos, Suzany González. Este fenómeno tiene repercusiones directas en la salud, la educación y los derechos fundamentales de las afectadas.

Estudios de la organización Avesa indican que la pobreza menstrual alcanza a nueve de cada diez mujeres y jóvenes, lo que dificulta el acceso a productos básicos de higiene menstrual. La realidad es que muchas familias enfrentan dificultades para costear toallas sanitarias y otros insumos necesarios.

González señala que esta situación empuja a muchas niñas a utilizar materiales inseguros y provoca numerosas ausencias escolares. La falta de infraestructuras adecuadas en las escuelas agrava la situación, ya que muchas niñas dejan de asistir a clases por carencia de recursos o por la ausencia de agua en los centros educativos, convirtiendo la pobreza menstrual en un factor de exclusión.

Además, esta problemática también impacta la salud de las mujeres. El uso de materiales inadecuados puede resultar en irritaciones e infecciones. Muchas no cuentan con información suficiente sobre salud menstrual, lo que agrava aún más el problema.

La especialista enfatiza que es un tema que debe ser considerado como un asunto de salud pública y aboga por políticas que aseguren el acceso a productos básicos de higiene menstrual, sugiriendo que estos deban ser considerados bienes de primera necesidad.

En comunidades rurales e indígenas, la situación se torna más grave, especialmente en estados como Amazonas, Delta Amacuro, Bolívar y Zulia, donde las dificultades de acceso al agua complican la higiene menstrual aún más.

La pobreza menstrual también está vinculada a tabúes y desinformación. González menciona que persisten mitos sobre la menstruación que generan creencias negativas y aislamiento social en diversas comunidades. Ante esto, insiste en la importancia de educar sobre el tema desde edades tempranas, ya que el conocimiento del cuerpo puede ayudar a prevenir riesgos y desigualdades, además de romper los estigmas que afectan a niñas y adolescentes.

DCN/Agencias

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