La finalización del Clap elimina el control sobre los jefes de calle, quienes enfrentan el rechazo de la comunidad

El desmontaje de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) se ha evidenciado en la escasez de alimentos en las comunidades, marcando el final de una era de control social en Venezuela. Esta red, lejos de ofrecer asistencia, generó descontento en los barrios, donde muchos jefes de calle ahora, sin la fachada de ayuda alimentaria, han sido absorbidos por los Comités Bolivarianos de Base Integral (CBBI). Su nueva función se centra en la vigilancia política dentro del PSUV.

En las comunidades, resuena un comentario común: “Ahora sí van a tener que trabajar”, reflejando el desprecio hacia quienes durante años utilizaron la entrega de alimentos como un medio de control y coerción. Lo que empezó como un programa de asistencia se transformó en una herramienta de división y manipulación, donde la necesidad se capitalizó políticamente.

Muchas personas recordaron que, para mantener su dominio, los jefes de calle amenazaban con retirar la comida a quienes no apoyaran al gobierno o criticaran la calidad de los productos. Esto llevó a que se persiguiera e incluso encarcelara a vecinos sin fundamento, generando un ambiente de temor y rechazo hacia ellos.

La pérdida del control sobre la distribución de alimentos ha dejado a estos jefes de calle debilitados. El final de este programa alimentario se ve como un golpe a su principal modo de coerción, permitiendo que la comunidad empiece a resistir. La estructura de los Clap ya mostraba signos de desgaste, y hoy, con su desmantelamiento, los líderes locales enfrentan el desprecio por los abusos cometidos, quedando en una situación complicada frente a un vecindario que no olvida.

DCN/Agencias

Entérate al instante de más noticias con tu celular siguiéndonos en Twitter y Telegram
Suscribir vía Telegram

Lo más Leído

Tu opinión vale...

Lea también