
El 30 de junio, Antony Lamuño García debería celebrar sus 31 años en San Fernando de Apure, pero estará en el módulo tres de la cárcel de Yare II, en Miranda, enfrentando un juicio. Su familia sostiene que su situación es una serie de malentendidos y arbitrariedades, lejos del silencio político que ha afectado su hogar.
Antony no era opositor; formaba parte activa de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El 14 de abril de 2024, asistió a un evento de la Milicia Campesina en Caracas donde estaba el presidente Nicolás Maduro. Durante el acto, grabó un video con su celular mientras conversaba con su tío conocido como “Show”. Esta grabación, que luego compartió en su estado de WhatsApp, fue vista por miembros de su partido como una burla, lo que llevó a su acusación.
Fue detenido por la Dgcim y pasó cuatro días desaparecido hasta que su madre lo localizó en una sede policial. Ante dirigentes locales, la respuesta fue desalentadora: “Él es uno de los desaparecidos de la milicia”.
Al principio, Antony enfrentó cargos serios que luego fueron reducidos. En una audiencia, su defensor le sugirió declararse culpable, pero él se negó. Finalmente, la fiscalía retiró algunos cargos, pero añadió el de conspiración, basado en una fotografías antigua con el opositor Henry Ramos Allup.
Antony ha estado en Yare II desde septiembre de 2025, sufriendo problemas de salud por las malas condiciones. Afuera, su madre Vilma aguanta el clima, insistiendo en la inocencia de su hijo. Ella enfrenta la difícil realidad de que sus tres hijos, a raíz de la crisis, están migrando. Cada vez que Antony pregunta por ellos, ella opta por ocultar la verdad.
A medida que se aproxima su cumpleaños tras las rejas, Vilma hace un llamado a las autoridades: “Dicen que quieren sanar heridas; que comiencen por sanar las nuestras entregándonos a nuestros hijos”.
DCN/Agencias