Inmigrantes indocumentados en EE. UU. se ven forzados a vivir el Mundial desde la distancia de sus hogares

José, un inmigrante mexicano de 46 años, ha soñado toda su vida con asistir a un Mundial de fútbol. Cuando se anunció que Los Ángeles sería sede de varios partidos, se sintió emocionado, pero su situación migratoria lo lleva a la realidad de que tendrá que ver los encuentros por televisión. Solo se identifica como José por miedo a las autoridades migratorias.

Aficionado al fútbol desde joven, él lleva puesta la camiseta de la selección mexicana cada vez que puede. Uno de sus grandes logros fue asistir a un partido del Tri en Los Ángeles, donde reside desde hace más de 25 años. Desde hace años, ahorró para comprar boletos, soñando con llevar a su hijo de 10 años a una función del Mundial, aunque no fuera de México. Sin embargo, sus planes se frustraron ante el riesgo de que agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) estuvieran presentes en los estadios.

“Sé que no van a pedir papeles a todos, pero temo que busquen a personas con piel morena como la mía”, afirmó José, quien prefiere mantenerse alejado de cualquier situación de peligro.

A pesar de no poder asistir, José seguirá los partidos desde su casa junto a su hijo y amigos. Tiene la esperanza de que la selección pase como primero de su grupo, ya que un pase como segundo significaría que su cuarto partido se jugaría en Los Ángeles, lo que aumentaría su desilusión por no poder ir.

En abril, más de 120 organizaciones, entre ellas la ACLU, publicaron una alerta sobre el riesgo de violaciones de derechos durante el Mundial. Jamil Dakwar, director del programa de derechos humanos de la ACLU, criticó a la FIFA por no actuar en defensa de los derechos de los aficionados.

El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, no descartó la posibilidad de operativos durante el evento, un enfoque similar al que ha llevado a cabo en ciudades como Los Ángeles, que ha resultado en miles de detenciones.

Estados Unidos albergará 78 partidos en once estadios, muchos en áreas con alta concentración de inmigrantes y población latinoamericana. En respuesta a las políticas anti-inmigrantes, organizaciones comunitarias han lanzado campañas para fomentar la convivencia durante el Mundial. COFEM organizó un campeonato infantil representando a 16 países clasificados, mientras que CHIRLA lanzó la campaña “Sácale la Tarjeta al Odio” para educar a las comunidades sobre incidentes de odio y su denuncia.

DCN/Agencias

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