
La Copa del Mundo 2026 ya nos ha regalado una de las situaciones arbitrales más revolucionarias del torneo. No fue un error típico ni una controversia por un fuera de juego. Hablamos de la aplicación de una novedosa interpretación reglamentaria que revirtió una decisión disciplinaria en minutos, durante el partido entre Estados Unidos y Paraguay.
La jugada se dio en el minuto 50. Miguel Almirón cayó tras un choque con Tim Ream en la banda derecha del ataque paraguayo. Inicialmente, el árbitro Danny Makkelie consideró que había falta y sancionó a Ream con tarjeta amarilla. Sin embargo, el VAR no tardó en intervenir bajo el protocolo de «mistaken identity», una de las novedades de esta Copa del Mundo.
Al revisar la jugada, Makkelie se dio cuenta de que no había falta de Ream, y que, por el contrario, Almirón había simulado el golpe. Como resultado, la tarjeta amarilla a Ream fue anulada, y se le mostró la tarjeta a Almirón, algo inédito para muchos aficionados.
Este episodio, más allá de la sorpresa, ilustra a la perfección el propósito del VAR: enmendar decisiones que, si se dejaban pasar, perjudicarían el desarrollo del partido.
El VAR ha generado debates por sus interrupciones y la interpretación de jugadas, pero situaciones como esta demuestran su capacidad para rectificar errores antes de que se conviertan en definitivos. La sensación fue que el sistema, en este caso, cumplió su función.
Una falta inexistente quedó sin castigo para el jugador inocente, mientras que se sancionó al que intentó engañar. Para quienes defienden un uso más exacto de la tecnología en el fútbol, este episodio es un paso hacia decisiones más justas.
No obstante, esto no significa que el sistema sea infalible. El mismo encuentro reveló limitaciones, como en decisiones sobre saques de esquina, que, aunque las repeticiones indicaban un error, no pudieron ser revisadas porque no están incluidas en las situaciones que permite el VAR.
Esto abre un debate sobre hasta dónde debe llegar la tecnología en el fútbol. Cada ampliación de funciones puede reducir los errores, pero también plantea cuestiones sobre el ritmo del juego y el papel del árbitro.
Por ahora, el partido entre Estados Unidos y Paraguay quedará grabado como un momento emblemático, no por un gol, sino por demostrar cómo nuevas herramientas reglamentarias pueden alterar decisiones rápidamente y contribuir a una mayor justicia en el fútbol, algo que aficionados, jugadores y entrenadores vienen pidiendo desde hace tiempo.
DCN/Agencias