
La Copa Mundial de la FIFA 2026 promete ser un hito en la historia del fútbol, no solo por su único formato de 48 selecciones y la colaboración de tres países como sedes: Estados Unidos, México y Canadá, sino también por la serie de cambios reglamentarios que marcarán la pauta en la era moderna del balompié.
Estas reformas, promovidas por la International Football Association Board (IFAB) y respaldadas por la FIFA, tienen como meta primordial aumentar el tiempo efectivo de juego, que actualmente ronda entre 48 y 52 minutos por partido. Con el lema de «menos interrupciones, más juego», se busca penalizar comportamientos antideportivos y la dilación en el tiempo de juego.
Una de las modificaciones más significativas afecta a los porteros, quienes solo tendrán ocho segundos para reanudar el juego tras controlar el balón con las manos. Si no cumplen con este tiempo, el equipo será sancionado con un tiro de esquina en contra, lo que reemplaza el casi obsoleto tiro libre indirecto.
Los saques de banda y de meta también verán cambios drásticos; los futbolistas tendrán un tiempo limitado de cinco segundos para continuar la acción. De exceder ese lapso, perderán la posesión o cederán un córner al adversario.
Además, las sustituciones se volverán más ágiles: el jugador debe salir en un máximo de diez segundos, de lo contrario, quien entra como sustituto deberá esperar un minuto, dejando a su equipo en desventaja numérica momentánea. También habrá restricciones para las interrupciones médicas: cualquier jugador que reciba atención deberá salir del campo por un minuto tras la reanudación, salvo en situaciones de lesiones severas.
La tecnología cobrará un papel preponderante con un VAR mejorado que podrá intervenir en jugadas de balón parado, revisando infracciones previas a un tiro libre o córner que impacten significativamente en el resultado del encuentro. Los árbitros de video también ayudarán a corregir errores en tarjetas amarillas y comunicarán sus decisiones al público en el estadio.
Por último, las políticas de Fair Play se endurecerán con una política de cero tolerancia hacia la discriminación y las protestas colectivas. Los jugadores que realicen gestos racistas o similares, tratando de ocultarse de las cámaras, podrán ser sancionados mediante imágenes y reportes posteriores. Además, se castigará severamente a los equipos que abandonen el campo como medida de presión por decisiones arbitrales.
Así, el Mundial 2026 se presenta como un laboratorio del fútbol, desafiando a todos los involucrados a adaptarse a un juego más justo y transparente.
DCN/Agencias