
Cuando se menciona la luz, no se alude únicamente a la crisis eléctrica que afecta a toda Venezuela, resultado de corrupción y desatención. Se trata también de la claridad que necesitamos para avanzar y liberar al país de una hegemonía política percibida como depredadora, a la que la influencia estadounidense añade un matiz de control.
Esa luz política, social y económica es esencial para el presente y futuro del país. Sin embargo, quienes ostentan el poder, en su versión renovada, parecen preferir la oscuridad, ya que esta les permite perpetuarse en el mando.
Las soluciones están en la Constitución vigente, pero quienes dirigen no parecen interesados en activar esos principios de soberanía. Esto genera temor en ciertos líderes locales, quienes saben que un cambio verdadero podría significar su salida del escenario público, enfrentándose a una justicia que les corresponde.
Mientras tanto, el fenómeno de los “enchufes” persiste y se multiplica, impulsado por nuevos contratos relacionados con el petróleo y otras actividades. Aunque algunos de los beneficiarios de estas prácticas cambian, el sistema de corrupción se mantiene intacto.
La estructura de poder actual no permite alteraciones significativas, ya que depende del control que ejerce sobre la economía. En el ámbito internacional, se percibe un conocimiento de esta dinámica, y las sanciones a ciertos personajes han mostrado ambigüedad, permitiendo que continúen operando sin consecuencias.
Es fundamental no perder la esperanza en un cambio profundo. La esperanza es el motor que puede impulsar transformaciones, y a pesar de las adversidades, debe alimentarse y cuidarse. La verdad debe prevalecer, pues la historia ha demostrado que esta es la clave para lograr la libertad.
Fernando Luis Egaña.
DCN/Agencias