
El Mundial de 2026, que se llevará a cabo en Estados Unidos, Canadá y México, ha generado un gran revuelo por el costo exorbitante de las entradas. Un reciente anuncio de la aerolínea Air Transat dejó claro el dilema que enfrentan los aficionados: “Ve a Inglaterra, entradas a USD 3.402. Pasajes de ida y vuelta desde USD 779”. Esta comparativa muestra cómo, para muchos, volar a Europa se vuelve más accesible que asistir a un único partido de la Copa del Mundo.
La situación se complica aún más al considerar gastos adicionales como el transporte local. Por ejemplo, NJ Transit inicialmente fijó en USD 150 el pasaje de ida y vuelta de Penn Station al MetLife Stadium el día del partido, un aumento significativo desde los USD 13 habituales. Después de las quejas, el precio se ajustó a USD 98. Para colmo, en plataformas de reventa autorizadas por la FIFA, la entrada más asequible para la final del 19 de julio alcanzaba nada menos que los USD 9.200, mientras que la opción más cara rondaba los USD 11.500. Esto pone de manifiesto lo inalcanzable que se ha vuelto asistir a un evento tan esperado para muchos.
La FIFA ha implementado un modelo de precios dinámicos, similar al de las aerolíneas, donde los valores cambian en tiempo real según la demanda. Por ejemplo, el costo para un asiento en la tribuna superior durante el partido inaugural de la selección de EE.UU. contra Paraguay se fijó en USD 1.940.
Además, las comisiones del 15% tanto para compradores como para vendedores en la plataforma de reventa de la FIFA también aumentan el precio final. Esta situación ha llevado a expertos, como Kate Ashley de la Universidad Northeastern, a cuestionar la ética detrás de estos precios, tildándolos de «avariciosos». En Europa, grupos de aficionados han expresado su descontento, acusando a la FIFA de una «traición monumental» hacia los verdaderos apasionados del fútbol.
Los precios disparatados de las entradas para el Mundial de 2026 están abriendo un intenso debate sobre la accesibilidad de este evento que, al final del día, debería ser celebrado por todos. Asistir a la Copa del Mundo, el evento deportivo más sintonizado del mundo, se está convirtiendo en un lujo que muchos no podrán permitirse.
DCN/Agencias