La final de la UEFA Champions League entre Arsenal y el Paris Saint-Germain (PSG) no solo enfrenta a dos plantillas que suman más de €9.400 millones en valor, sino que también pone en contraste dos modelos distintos de gestión en el fútbol europeo: la inversión estatal de Qatar y el enfoque privado de un grupo estadounidense.
Por un lado, Qatar Sports Investments (QSI) ha transformado al PSG en una plataforma global que abarca el deporte y los medios de comunicación, bajo la dirección de Nasser Al-Khelaifi. Desde 2011, este grupo ha implementado un ambicioso proyecto que va más allá del fútbol, involucrando medios y entretenimiento, y posicionando al PSG como un referente para marcas globales.
En el otro extremo está Kroenke Sports & Entertainment (KSE), que controla al Arsenal. Este conglomerado estadounidense combina el manejo de varias franquicias deportivas con proyectos de desarrollo inmobiliario, como el complejo SoFi Stadium, valorado en US$5.000 millones. La gestión de KSE refleja un modelo más orientado al negocio deportivo típico de EE. UU.
La final en Budapest llega en un contexto donde la Champions League ha logrado trascender su carácter deportivo para convertirse en un activo comercial valioso. Según Football Benchmark, el valor de los 32 clubes más importantes de Europa alcanzó los €72.600 millones en 2026, lo que demuestra un crecimiento significativo impulsado por derechos de televisión y acuerdos comerciales.
El partido también involucra a dos marcas globales: Nike, que colabora con el PSG, y Adidas, sponsor del Arsenal, reflejando el cruce de intereses comerciales en el fútbol europeo.
DCN/Agencias